viernes, 12 de mayo de 2017

Dinero público, educación pública. Publicado en El País. Por Alfredo Aranda (Vicepresidente de Pide)

La Constitución española garantiza en su artículo 27,5 el derecho a la educación y la creación de centros docentes (los que sean necesarios, añado).

Es, precisamente, la falta de centros docentes públicos lo que llevó, hace más de treinta años, a concertar unidades con centros privados para abarcar la demanda existente de puestos escolares que, por aquel entonces, excedía la oferta pública. De hecho la concertación nació con el único objetivo de concertar unidades solo allí donde la educación pública no llegara. Una vez que la red pública se ampliara y abarcara, por tanto, la demanda de escolarización los conciertos dejarían de ser necesarios. Pero después de más de tres décadas la realidad es otra y los conciertos con los centros privados (que nacieron oficialmente con la LODE en 1985) siguen aumentando, incumpliendo el objetivo primigenio. Y todo como resultado de los 40 años de retraso que trajo la dictadura franquista, y que conllevó un parón en seco de los niveles de escolarización por la «medievalización» que trajo a la sociedad y, como consecuencia, una desatención de la red pública de educación. Sin dictadura las necesidades de escolarización hubieran ido creciendo con el paso de los años, al mismo ritmo que en otros países europeos, y la red pública se hubiera ido adaptando, extendiéndose, para dar la respuesta necesaria. La concertación como está concebida en España es, básicamente, una anomalía democrática, un anacronismo, producto de 40 años de oscuridad, que ya no tiene sentido.

Hay centros públicos agonizando por falta de alumnados mientras se conciertan centros privados próximos

Por una parte tenemos un claro incumplimiento constitucional dado que la red pública sigue siendo insuficiente y, por otra, una concertación indiscriminada que rompe el principio de concertar solo allí donde no llegue la educación pública. Nos encontramos con centros públicos agonizando por falta de alumnados mientras se conciertan unidades con el centro privado de al lado, y esto lo hicieron y lo siguen haciendo gobiernos de derechas y de izquierdas.

Los defensores de la educación concertada se aferran al argumento demagógico de subsistencia de que la concertación responde al principio constitucional de libertad de enseñanza. La libertad de enseñanza debe ejercerse solo entre lo público y lo privado y, por tanto, está asegurada. El Estado debe garantizar una enseñanza igualitaria, neutra y laica, alejada de cualquier adoctrinamiento. Solo la educación pública puede garantizar estos principios por lo que debe ser la única financiada con fondos públicos.

En Europa más del 90% del alumnado está escolarizado en centros públicos, sin embargo en España ronda el 70% y, en ciudades como Madrid o Barcelona, lo concertado supera a los públicos.

Un estudio de la OCU concluyó que los colegios concertados son un 70% más caros que los públicos

Los centros concertados deberían desaparecer o ir transformándose en públicos, para ello nuestra organización sindical, PIDE (Sindicato del Profesorado Extremeño), ha instado a los Grupos Parlamentarios presentes en el Congreso de los Diputados, a presentar una Proposición No de Ley para acometer los cambios estructurales necesarios para que la Educación Pública sea la única financiada con dinero público. Tenemos la convicción de que el dinero público se debe emplear en lo público y no en mantener negocios privados, de lo contrario lo que se está haciendo es malversar el dinero del contribuyente.

Lo que nuestra organización sindical ha solicitado es, grosso modo, que las sustituciones o vacantes de los centros concertados se cubran por interinos de las listas públicas, y que las jubilaciones (o cualquier nueva plaza) se oferten en el concurso de traslados para los profesores funcionarios de carrera.

De esta manera los centros concertados irían transformándose en públicos, y los profesores de dichos centros tendrían asegurado su puesto de trabajo hasta la jubilación, ventaja que ahora no tienen (aunque su condición administrativa sería distinta a sus compañeros de oposición).

En este nuevo escenario que se plantea, el centro concertado que no aceptara dicha proposición dejaría de recibir las subvenciones públicas y pasaría a ser un centro estrictamente privado, financiándose con la cuota de los padres de los alumnos que estuvieran escolarizados en dicho centro.

No podemos olvidar que los costes de la enseñanza concertada, superan de largo a la pública. Un estudio de la OCU llegó a la conclusión de que los colegios concertados son un 70% más caros que los públicos. En la mayoría de los centros concertados investigados los padres tenían la obligación de pagar alguna cuota (500 euros anuales de media). La gratuidad de la enseñanza que promulga la constitución debe ser respetada por todos los centros sostenidos con fondos públicos, y la Administración tiene la obligación de velar porque así sea.

Alfredo Aranda Platero es vicepresidente de PIDE (Sindicato del Profesorado Extremeño).

viernes, 28 de abril de 2017

"Alumnado y reivindicaciones docentes" por Raúl Fernández. Publicado en el Periódico Extremadura

  El 20 de abril, las escuelas concertadas se manifestaron en contra del nuevo decreto de conciertos de la región. Según las informaciones difundidas por los medios, 25.000 estudiantes se movilizaron con sus profesores en los 63 centros concertados de Extremadura, portando globos blancos y apoyando la lectura de un manifiesto redactado por el colectivo de Escuelas Católicas de Extremadura. Como no puede ser de otra manera, el profesorado de la escuela privada-concertada tiene, como cualquier trabajador, el derecho a manifestarse para defender sus intereses legítimos. Asimismo, les asiste el derecho a informar a las familias para que éstas valoren si deciden o no unirse a sus reivindicaciones. Lo que no está tan claro es que, en horario escolar, deba involucrarse a todo el alumnado en una acción coordinada en defensa de la educación privada-concertada. En las fotografías que se han difundido en los medios puede verse cómo, en diferentes colegios, numerosos estudiantes (en su mayoría niños menores de edad) arropan a sus profesores en el patio del colegio. ¿Tienen estos alumnos la madurez suficiente para valorar si deben apoyar las reivindicaciones de sus maestros? ¿Fueron, por tanto, libres al hacerlo? ¿Se debe instrumentalizar a los niños para defender los intereses privados de la escuela concertada?
  Los límites del uso de la libertad de expresión y de manifestación del funcionariado son un viejo tema de debate. El filósofo Immanuel Kant creía que, para preservar el orden social, los funcionarios deben limitar su libertad de expresión y de manifestación en el ejercicio de sus funciones. Esto no significa que, en un contexto separado del ejercicio de la función pública, los ciudadanos no puedan expresar libremente sus opiniones.
  Si aplicamos esta máxima al contexto que nos ocupa, llegamos a las siguientes conclusiones: es evidente que el profesorado tiene todo el derecho a ejercer sus libertades fundamentales, tanto las relativas al ejercicio de la libertad de expresión y de manifestación como el derecho a huelga. Sin embargo, en el ejercicio de sus funciones docentes estas libertades tienen sus limitaciones. Por ejemplo, todo el mundo estará de acuerdo en que un profesor no debería usar sus clases para adoctrinar a sus alumnos en una ideología política o religiosa, máxime si son niños. Por esa regla de tres, un docente, si es honesto, debe dejar muy claro que una cosa son sus opiniones «personales» y otra el ejercicio de su magisterio. Tampoco es ético que un centro organice, como si se tratara de una actividad pedagógica más de obligado cumplimiento, un acto reivindicativo con todo el alumnado para presionar a la Administración y para influir en la opinión pública. Al menos en el horario escolar ordinario, los niños deberían estar al margen de estos actos.
  En el caso de la escuela pública, está meridianamente claro que existe una serie de limitaciones en el ejercicio de la docencia. ¿Cómo actuaría la Inspección si el profesorado usara, por ejemplo, la plataforma educativa Rayuela para informar a las familias de cómo el cierre de unidades de colegios públicos --ubicados en localidades donde hay colegios concertados-- afecta a la equidad educativa? ¿Sería lícito que, a la hora del recreo, se repartieran globos y camisetas verdes para fotografiar a todos los niños y difundir este material para defender la escuela pública? En democracia, todas las reivindicaciones tienen sus cauces y todos los derechos sus límites. No todo vale para conseguir un objetivo. En cualquier caso, los docentes deberíamos contribuir a garantizar la autonomía de nuestro alumnado frente al interés del profesorado, por muy lícito que éste sea. Porque no olvidemos que, de entre todos los grandes objetivos de la educación, está el de promover el libre desarrollo de la personalidad humana.


 Raúl Fernández
Delegado del Sindicato PIDE

lunes, 13 de marzo de 2017

Deberes escolares: “Vuelta la burra al trigo”. Por Alfredo Aranda

Deberes escolares: “Vuelta la burra al trigo”.
El jueves 9 de marzo de 2016 en “tribuna abierta” de El Periódico el Sr. Víctor Bermúdez Torres, miembro del Consejo Escolar de Extremadura, tachó la posición de PIDE en contra de los cuestionarios sobre los deberes de “rabieta sindical” en su artículo “Deberes, rabieta sindical y huelga educativa”.
Es preocupante que un miembro del Consejo Escolar, activista político y profesor de filosofía, como el Sr. Bermúdez tergiverse la realidad e intente menospreciar los argumentos de quien no está de acuerdo con él.
El Sr. Bermúdez dice no entender por qué no nos ha sentado bien la propuesta de regular los deberes y que parecemos, añade, “defender un modelo pedagógico más tradicional aún que el tardofranquismo”. Cuando alguien pasa al insulto, como ha hecho el Sr. Bermúdez, ya ha perdido la razón; acusar a un tercero de actitudes franquistas, tardofranquistas o neofranquistas es un insulto, dado que todos conocemos los desastres de la miserable dictadura que vivimos durante 40 años. Además alguien que defiende, como el Sr. Bermúdez, la religión dentro de la escuela es el menos indicado para acusar a nadie de actitudes franquistas, y menos a PIDE que ha defendido siempre que la religión debe salir de las aulas y que la educación pública debe ser la única financiada con dinero público. Exactamente lo contrario piensa el Sr. Bermúdez que, en la extraña deriva ideológica que ha emprendido, parece haberse hermanado con los tradicionales posicionamientos ideológicos defensores de la religión.
Nos recuerda el Sr. Bermúdez que PIDE fue uno de los 8 miembros de la comisión de los deberes, por lo que le parece extraño la protesta sindical en contra de los cuestionarios. Efectivamente, Sr. Víctor Bermúdez, fuimos uno de los ocho miembros; se lo repito, 1 de 8; se lo reitero, un octavo (ese fue el peso de PIDE en la comisión). Poco más hay que decir.
El ínclito Don Víctor nos pregunta qué hay de malo en los cuestionarios y acusa a PIDE de un corporativismo ciego y dogmático. De la acusación no voy a invertir tiempo es defendernos porque viene del defensor de la religión en la escuela, por tanto de cegueras y dogmatismo el acusador va servido. Pero sobre qué hay de malo en los cuestionarios si debo expresarme. Los cuestionarios, como ya he dicho en ocasiones varias, son profundamente descompensados dado que todos los padres, todas las madres y todos los alumnos de los grupos seleccionados podrán participar, mientras que por parte de los docentes solo el tutor será escuchado. El resto de profesores serán silenciados. También hay que recordar, para los olvidadizos, que en la comisión permanente del Consejo Escolar de Extremadura, no se permitió hacer ninguna enmienda, lo que constituye un claro síntoma de imposición. Y añado también que en dichos cuestionarios no tienen ningún reflejo preguntas muy interesantes para una tipología determinada de padres, cuestiones que evaluaran la sobrecarga de actividades extraescolares a las que muchos padres someten a sus hijos, o el nivel de satisfacción con el resultado académico de sus hijos y su nivel de esfuerzo, o si conocen el funcionamiento del centro, si cuestionan la decisiones “disciplinarias” que los docentes toman con respecto al comportamiento de los alumnos, etc. Preguntas que evalúen a los padres y madres, dado que estos también tienen responsabilidad en el éxito o fracaso de los escolares. Polarizar la discusión entre deberes “sí” o deberes “no” es inapropiado, es una actitud maniqueísta que no lleva a solucionar ningún problema. Los deberes no son malos, otra cosa es que se utilicen mal, se manden deberes inapropiados o en cantidad excesiva. Pero ese es otro debate. Hay que partir de deberes “sí” pero añadiendo “según y cómo”.
Dice la sabiduría popular que no hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor sordo que le que no quiere oír. El señor Bermúdez argumenta que los deberes hay que racionalizarlos, que es lo que vengo diciendo desde hace mucho tiempo y en muchos foros diferentes, pero parece que el Sr. Bermúdez ni ve ni oye.
Los deberes cuando son de calidad y racionalizados son beneficiosos para los niños. Eso quedó claro, en su momento, en el informe PISA. En 2014 un estudio de la OCDE demostró que en alumnos de 15 años los deberes eran positivos, aunque reconocían también la importancia de la relación estudiante-profesor, las tutorías personalizadas y el sistema educativo de la nación. En su día el informe PISA concluyó que los deberes son una oportunidad más para el aprendizaje, pero que había que buscar fórmulas para evitar las desigualdades socioeconómicas de los alumnos desfavorecidos. Resulta muy difícil, inútil podríamos decir, convencer a alguien de que vea lo que no quiere ver. Aunque no pierdo la esperanza del que el Sr Bermúdez abandone el maniqueísmo al que parece estar asido con inusitada fuerza, y desista de actitudes inmovilistas y cínicas en las que con tanta naturalidad se nueve, y empiece, por fin, a entender que las cosas no son blancas o negras, y que en la gama de grises reside, normalmente, la razón.
En realidad el Sr. Bermúdez y yo estamos de acuerdo en más cosas de las que puede parecer a primeva vista. Estamos de acuerdo en que es conveniente racionalizar los deberes y que estos sean de calidad, coincidimos en lo perjudicial que es el exceso de ratio y la falta de medios y, en líneas generales, ambos convenimos que la LOMCE hay que derogarla. Pero no estamos de acuerdo en otras cuestiones: él quiere la religión dentro de la escuela, yo no; él quiere los cuestionarios sobre los deberes aunque estos silencien a la mayoría de profesores, yo no; él recela de los deberes con contumaz insistencia, yo no…Al margen de coincidencias y divergencias, lo sano es debatir y enfrentar ideas para llegar a un punto de encuentro. Y si esto lo hacemos con la mente abierta y desde el respeto, mucho mejor.

Alfredo Aranda Platero
Vicepresidente de PIDE

lunes, 6 de marzo de 2017

"Cuestionarios sobre los deberes: Cuando la manipulación se viste de democracia" por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en eldiario.es

  Pretender espantar los males de la educación poniendo el punto de mira en los deberes, como si estos fueran el demonio que aterroriza la vida de los alumnos es, como poco, de una inmensa simpleza y de una profunda irresponsabilidad.
  Los alumnos que efectúan tareas en casa obtienen mejores notas (un hecho reconocido no solo por el informe PISA) y, por tanto, los deberes no son malos «per se». Otra cosa es el tipo de deberes y el tiempo recomendado según la edad del alumno; pero ese no es el debate que, desde ciertos colectivos, se pretende abrir. Lo que se persigue es que los deberes desaparezcan de la vida diaria de los alumnos.
  Los que persiguen la supresión de los deberes nos comparan, reiteradamente, con Finlandia a la mínima oportunidad, pero se olvidan de que en Finlandia también se mandan deberes para casa (un mínimo de 2,5 horas semanales). También se olvidan de que en Finlandia las ratios en las asignaturas instrumentales son muy bajas, que la inversión educativa es mucho mayor que en España, que hay profesores de apoyos en cantidad suficiente, que tienen todo tipo de recursos, que el respeto a los profesores es enorme, etc. Es como comparar un huevo con una castaña. En España solo los docentes dan la talla y compensan con su trabajo y calidad las deficiencias de un sistema educativo mediatizado ideológicamente por el gobierno de turno.
  Desde PIDE coincidimos con quien denuncia que el modelo pedagógico actual tiene una sobre carga de contenidos absurdos, tareas repetitivas que no llevan a nada y demasiados exámenes.  Por eso y por otras cosas apoyamos la huelga del día 9 contra la LOMCE (como hemos hecho siempre), y lo hacemos con la ilusión y  la esperanza de que una nueva Ley de educación, consensuada por todos, pueda solucionar de una vez los males atávicos que han arrastrado las 8 leyes de educación que hemos tenido en 40 años.
  Centrar el debate en los deberes es un país donde la inversión educativa es de las más bajas de Europa y donde las conductas disruptivas de los alumnos son de las más altas, es una pérdida de tiempo además de constituir la contratación fehaciente del profundísimo desconocimiento que ciertas asociaciones tienen del sistema educativa autóctono y de sus bondades y maldades. En todos los países europeos se mandan deberes para casa; ese debate ya se abrió hace años, por ejemplo, en Francia y no supuso, en modo alguno, ningún cambio al respecto. Solo en un contexto idílico de enseñanza individualizada y sin las dañinas disrupciones los deberes tendrían menos peso y, con todo, también seguirían siendo necesarios.  
  Los cuestionarios sobre los deberes escolares que finalmente se han aprobado en la comisión permanente del Consejo Escolar de Extremadura con el único voto en contra de PIDE, no solo suponen una injerencia en la actividad docente, sino que también constituyen una clara claudicación del Gobierno de Extremadura ante presiones interesadas.
  Los cuestionarios nacen, de entrada, con la intención torticera de servir de excusa para poner en tela de juicio la labor de los docentes. Y lo hacen además con una batería de preguntas que esconden una clara manipulación y, por si fuera poco, con una descompensación intolerable. De tal forma que únicamente el tutor (4º de primaria y 2º de ESO) podrá hacer dicha encuesta, mientras que todos los padres y madres de dichos cursos, así como todos los alumnos, tendrán acceso a la misma. El resto de profesores que imparten el grupo serán silenciados.
  No contentos con este despropósito y para evitar que nadie pueda entorpecer el objetivo ilegítimo que persigue dicho cuestionario, no se permitieron enmiendas en la comisión permanente del Consejo Escolar de Extremadura. Podemos decir utilizando un lenguaje jurídico, si se me permite la licencia, que dichos cuestionarios están viciados de nulidad.
  Se echan de menos preguntas que, seguro, serían incómodas para  una tipología concreta de padres y madres como, por ejemplo, si están satisfechos con el rendimiento de sus hijos, si creen que sus hijos se esfuerzan lo suficiente, si apoyan las decisiones de los docentes con respecto al comportamiento de sus vástagos, si muestran su contrariedad o alegraría según sean los resultados escolares, si premian con regalos a sus hijos independientemente de que saquen buenas o malas calificaciones, si sus hijos pasan mucho tiempo delante del ordenador o del móvil, si conocen el funcionamiento del centro y tienen una relación fluida con los profesores, etc. En definitiva preguntas que evaluarían la labor como padres y madres, porque también tiene mucho que ver con el éxito y el fracaso de los escolares. Sin embargo este tipo de cuestiones no estaban previstas en el guion.
  Tampoco interesa saber si los padres sobrecargan a sus hijos con actividades extraescolares, ni si consideran los deberes de calidad como imprescindibles para la evolución curricular de sus hijos, ni si los deberes suponen una compensación por la falta de recursos educativos, etc. Para que un cuestionario sea solvente, serio, tiene que partir primero de un equilibro entre participantes y, después, contener preguntas que lleven a un diagnóstico real de la situación. Ninguna de las premisas se cumple con los cuestionarios aprobados en la comisión permanente del Consejo Escolar de Extremadura.
 
  Los deberes cuando son de calidad y racionalizados, en su justa medida (adaptados en cantidad y complejidad a la edad del niño), fomentan la creatividad del  alumno y, por tanto, tienen un extraordinario potencial educativo. Pretender hurtar al alumno de este apoyo es entorpecer gratuitamente la evolución del discente en su objetivo de ir alcanzando con éxitos los retos educativos que se le presentan a cada paso.
  Este impostado debate sobre la idoneidad o no de mandar deberes para casa es una clara amenaza tanto para la evolución educativa de los alumnos, como para la libertad de cátedra de los docentes (hoy quieren decidir sobre los deberes, mañana querrán también decidir sobre el atuendo que deben llevar los profesores al centro). Es tan delirante el asunto como si, por ejemplo, una asociación de pacientes arremetiera contra los médicos para que estos no mandasen ejercicios de rehabilitación o instrucciones para sanar sus males más allá de lo que ocupa el tiempo de consulta.
  Al final lo que conseguirán es hacer un daño gratuito al alumno y, por extensión, al sistema educativo. La comunidad educativa debe abrir un debate sobre las carencias y dificultades del sistema educativo: falta de inversión, falta de recursos materiales y personales, promover la dignificación de la labor docente, establecer estrategias para reenganchar a los alumnos objetores educativos que son los causante de las disrupciones en el aula que tanto perjuicio causan al transcurso de las jornadas escolares, etc. Este es el verdadero debate y dejémonos de “marear la perdiz” porque al final se cumplirá ese viejo refrán español que dice: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”.

martes, 31 de enero de 2017

"La religión en la escuela. Por qué los proteccionistas se equivocan" por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en eldiario.es

   Parece que, últimamente, a la religión como materia educativa dentro de la escuela le salen defensores insospechados como D. Víctor Bermúdez Torres, miembro del Consejo Escolar de Extremadura en representación de Podemos. Mi respetado compañero de debate epistolar, escribió en el diario.es el pasado 21 de enero un artículo respondiendo a otro mío ( “La fe como asignatura”, también publicado en este diario que, según decía, le había provocado unas ganas irresistibles de abrazar la fe. Ironías aparte considero que los argumentos que Víctor vierte en su artículo están fuera de la realidad, sostenidos en una especie de onanismo filosófico de su muy particular e intransferible idealismo.
   El hecho incontrovertible de que el Estado a través del Concordato con la Santa Sede impone la religión en la escuela, no es, para Víctor, ningún argumento, solo, según dice, demuestra la ideología del autor –la mía, vaya– ; para Víctor describir la realidad es ideológico. El Estado español es tremendamente irresponsable por ayudar a inculcar la fe en la mente de los niños, lo que debería hacer es promover diferentes valores y creencias pero sin ser parte activa en ningún adoctrinamiento, para eso están, lo digo una vez más, los diferentes templos de culto y los centros parroquiales.
   Un niño no debe estar expuesto a la educación religiosa dado que su desarrollo cognitivo es incompleto, así de simple. De otra manera le obligamos, sin que se dé cuenta, a adoptar como propias una serie de creencias para las que el niño no tiene posibilidad ni capacidad de oponerse y, por supuesto, se vulnera su derecho a no ser “ideologizado” sin su consentimiento.
   Para el Sr. Torres el hecho de que la religión sea optativa, supone que la Iglesia ha perdido todo el control sobre el asunto (es enternecedor advertir en un adulto tamaña ingenuidad). La iglesia, como todos saben, sigue teniendo profunda influencia en todos los órdenes de la vida. Que hoy día no se imponga la obligatoriedad de esta materia de fe, no significa, en modo alguno, que los hilos que mueve el lobby religioso no sigan siendo determinantes. La imposición es más sutil. Al niño no se le obliga a estudiar religión o, siendo más exactos, a los padres no se les obliga a que sus hijos cursen esta materia, pero el sistema está preparado, sobre todo en primaria, para que el niño tenga más facilidad de optar por la religión. Además un niño de 9 años (4º de primaria), por ejemplo, que no estudia en la escuela religión ni recibe catequesis, está socialmente, no excluido –faltaría más– pero sí mirado con cierta infundada pena por otros padres: “Pobrecito, qué culpa tiene él de que sus padres sean ateos”, lo que de alguna manera provoca que muchos progenitores terminen cediendo, sobre todo en localidades pequeñas, a cierta presión social. Después tenemos el chantaje que supone los regalos del día de la comunión, de tal manera que muchos niños terminan en clase de religión y haciendo la comunión sin saber muy bien por qué; bueno sí, para recibir los regalos del día de la comunión. Víctor dirá, claro, que también es una imposición quitar al niño de la clase de religión. La diferencia estriba en que los padres que no quieren que sus hijos estudien religión, no necesariamente ateos, persiguen que los niños decidan en qué creer o en qué no creer cuando completen su desarrollo cognitivo; cuando, en definitiva, sean adultos. De otra manera coartamos la libertad de elección, dado que encadenamos al niño desde temprana edad a una creencia que no buscaron con plena consciencia.
Sí, Víctor, la religión depende, fundamentalmente, de donde naces o de la familia en la que te críes: Igual que el idioma, las costumbres o la gastronomía; pero sin embargo hay cosas universales como la lógica empírica y la experimentación que son fundamento del conocimiento humano, y aunque me acuses de demagogia con la tuya propia te diré que la religión no podrá jamás pasar el tamiz del método científico, porque se quedará siempre enredado en la tupida urdimbre de su criba. Entre la verdad demostrada y “la verdad” revelada hay una distancia irreconciliable de dimensiones planetarias.
   Víctor, o el Sr. Bermúdez, o el Sr. Torres, o el representante de Podemos en el Consejero Escolar de Extremadura o, si queremos,  el presidente de la asociación de profesores de Filosofía (no sé muy bien con quién estoy debatiendo),  sigue argumentando que la religión no debe mantenerse alejada de la escuela pública porque sea dogmática, dado que sostiene que también la ciencia es dogmática porque se nutre de “axiomas, postulados, supuestos…”. Es un argumento vacío, falso y torticero, porque, como el Sr. V.B. sabe la ciencia se reinterpreta con el paso del tiemplo. Acomoda sus postulados e, incluso, sus axiomas a través del estudio, la evolución y la experiencia, de otro modo el hombre nunca hubiera llegado a la luna y no existirían los trasplantes de corazón, por ejemplo. Sin embargo la religión es siempre la misma, sus postulados no cambian, no se adaptan, no pueden; por eso la fe es, y será siempre, el único fundamento de su existencia.
   El Sr. Bermúdez sigue con su particular cruzada en defensa de la religión como materia escolar, con otro argumento insostenible. Considera que un Estado laico debe representar y administrar “la pluralidad de valores, ideales y creencias de los ciudadanos…” y esto se asegura, considera, con el estudio de la religión dentro del aula. Lo que constituye una soberna falacia porque la religión católica tiene el monopolio en las aulas, por lo tanto la pluralidad de la que habla es puro artificio. Si la religión debe estar en la escuela, como sostiene Víctor B.T., deberían estarlo todas las religiones presentes en una España multicultural. Y habría que destinar las mismas horas a todas la religiones convirtiendo la escuela es una especie de madrasa europea multiétnica para la ideologización segregada del alumnado. El estudio de la historia de las religiones impartida por expertos, no por predicadores de «la palabra», sería lo más conveniente.
   Parece que V. Bermúdez tiene miedo de que el alumno que no estudia la materia de religión en la escuela pueda acudir en su busca a otros lugares donde puede fanatizarse. Sí, habéis leído bien, eso mismo publicó V.B.T. en su artículo. Los valores, la búsqueda de respuestas, el sentido de la vida, etcétera están plenamente asegurados con la formación humanística y científica de las asignaturas no religiosas; pretender que nos quedemos huérfanos de todo ello por quitar la religión del horario lectivo es, como mínimo, demagogia de saldo.
   El amigo V. termina sus argumentos diciendo que prefiere, por justo y democrático, que todos encuentren su opción ideológica en la escuela pública y que la gente esté informada de todas las opciones posibles. La única manera de llegar a eso es el estudio, no la práctica en el aula, de todas las religiones. Lo he dicho antes, pero voy a hacer un esfuerzo para traducirlo del español al castellano: España tiene una realidad multiétnica cada vez más presente y, por tanto, solo el estudio de la historia de las religiones tiene cabida en el horario lectivo, pero no el “estudio” adoctrinador de cada una de ellas.

domingo, 15 de enero de 2017

"La fe como asignatura" por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en eldiario.es

  El hombre creó a Dios, pero siempre nos han dicho lo contrario. Desde la más tierna infancia, cuando se forma el modo pensar y el cerebro absorbe con avidez aprendizajes y comportamientos, el adoctrinamiento religioso, con apoyo del aparato del Estado, empieza a funcionar como una maquinaria bien engrasada. Lo que viene después ya lo sabemos.

   Que la fe sea una asignatura, y, por añadidura, puntuable es tan anacrónico que nos retrotrae a los tiempos del nacionalcatolicismo. Decía Jean Jacques Rousseau que la fe era una cuestión de geografía. Y es cierto. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que ser católico, protestante o hinduista depende, fundamentalmente, del lugar de nacimiento o de la familia en que te críes? La fe, que en realidad, es la credulidad ciega sin preguntas no debería formar parte del horario lectivo, por la simple razón de que es una cuestión que tiene que ver con las creencias y los dogmas y, por tanto, circunscrito únicamente al ámbito personal.

   Desde el principio de los tiempos el ser humano ha buscado explicación a todo lo que no conocía. La lluvia, el sol o la luna eran considerados elementos divinos y adorados como si fueran dioses. A medida que la ciencia fue evolucionando y desentrañó estos misterios el hombre cambió de dioses, se buscó otros más elaborados, más complejos, para que fueran inmunes a la ciencia. Y pese a que la ciencia ya ha dado respuesta a casi todos los misterios de la creación, aún persiste el atávico legado de nuestros ancestros otorgando explicación divina al origen del mundo.

   La religión, como asignatura, es una materia adoctrinante y, por tanto, no debería estar en las aulas en un País que, como España, es aconfesional. La libertad de credo, que defiendo firmemente, choca directamente con la laicidad del Estado en asuntos como el educativo. Cualquier religión debería estar circunscrita al ámbito de su Iglesia y de sus centros parroquiales, y que cada familia en la privacidad de su hogar y en los templos que correspondan pudieran ejercer la libertad de credo con todas las garantías. Pero sin invadir espacios que no son suyos.

   Además, la autoridad religiosa es la que determina el currículo de esta materia, quedando al margen la autoridad educativa; de hecho ni la inspección puede inspeccionar la labor del laboral de religión. La elección de los profesores de Religión tampoco está controlada, dado que en su selección están ausentes los principios democráticos de igualdad, mérito y capacidad que debe regir cualquier selección de personal pagado con dinero público.

   Para ser profesor de Religión se necesita, además de la titulación para ejercer como docente, la Declaración Eclesiástica de Idoneidad concedida por la Diócesis correspondiente. Pero nada de esto tendría valor si no cuentas con la recomendación del obispo de la Diócesis. Por tanto podemos decir que se accede por contactos e influencias, lo que parece no avergonzar a nadie: ni al obispo que señala al candidato, ni a la Administración que paga con dinero público su sueldo.

   La coherencia más básica nos dice que en un Estado laico la Religión no debería formar parte de las materias ofertadas en los centros educativos sostenidos con fondos públicos. Ningún gobierno ha hecho ni lo más mínimo por dar término al Concordato con la Santa Sede (que sería lo racional y deseable), pero al menos se debería plantear su revisión para estudiar la posibilidad de sacar la Religión del horario lectivo, y ubicarla en una séptima hora o por la tarde como actividad formativa complementaria. Consiguiendo con ello dejar el horario lectivo para las asignaturas científicas y, además, mantener la plantilla de profesores de religión e, incluso, quién sabe si aumentarla. No será fácil.

viernes, 9 de diciembre de 2016

"Deberes escolares: epicentro del maximalismo" por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en eldiario.es

La racionalización de los deberes para que no supongan un tiempo excesivo al alumno y que, además, sean de calidad para que no se conviertan en una simple repetición de ejercicios o copia indiscriminada de enunciados es, según mi criterio, la opción más sensata. Desde determinados colectivos se nos acusa, con persistencia, a  los que defendemos estos planteamientos, de estar mediatizados por una pedagogía añeja y de argumentos pobres cuando no falaces. Considero que este posicionamiento de ataque entorpece el diálogo.
Estoy plenamente de acuerdo con los que piensan que el diálogo es el instrumento con el que debe contar la comunidad educativa para llegar a un entendimiento en el tema de los deberes, y en cualquier otro que tenga que ver con la educación.
El diálogo ya está abierto y ha llegado al ámbito de Consejo Escolar de Extremadura. Se ha creado, bajo el auspicio del Consejo Escolar, una Comisión que se encargará de analizar el delicado asunto de los deberes. Al informe que nazca de los trabajos de dicha Comisión, se le sumará el resultado de la encuesta sobre los deberes que se enviará a alumnos, padres y profesores. Es de mucho interés el resultado final de la Comisión de trabajo y, particularmente, lo referido a lo que piensa la comunidad educativa de los deberes, cosa que podremos saber una vez que se analicen los resultados de las encuestas que, a tal efecto, se enviará a los centros.
¿Tienen los deberes valor educativo? Es la gran pregunta. La respuesta sería, pienso, como en tantos otros asuntos, depende. Los deberes no deben matar la creatividad del alumno, la deben fomentar, y es ahí donde los docentes deberían incidir: mejor calidad que cantidad. Por tanto no tendrían valor educativo si suponen una simple repetición eterna de ejercicios, y sí lo tendrían si son deberes constructivos.
He leído artículos que con una habilidad destacable hacen una reflexión, entre filosófica y pedagógica y trufada, por añadidura, de idealismo, sobre el maravilloso mundo de la sociedad sin deberes, pero que finalmente piden una racionalización de los mismos y no su abolición. Es lo que, particularmente, llevo diciendo hace meses en diferentes foros de debate: racionalizar los deberes para adaptarlos a la edad del niño y que, por tanto, no supongan ningún agobio innecesario para el discente.
El informe PISA quedó claro, en su momento, que los niños que realizan tareas en casa sacan mejores notas, sin embargo también decía que hacer más deberes no implicaba mayor rendimiento académico. Lo que nos lleva, de nuevo, al concepto mágico: racionalización. El referido informe también ponía énfasis en evitar que los deberes aumentaran las desigualdades. Podemos concluir que PISA reconoce los deberes como necesarios, siempre y cuando no sean excesivos y no aumenten las desigualdades (facilitar, por ejemplo, que niños de familias desestructuradas puedan acceder a espacios para hacer sus tareas con garantías y apoyo).
Un estudio de la OCDE de 2014 (en “Quartz”, portal periodístico, se analiza dicho estudio) demostraba que en adolescentes de 15 años los deberes eran positivos para los resultados en el apartado matemático, sin embargo tenía mayor incidencia en los resultados la relación estudiante-profesor, las tutorías personalizadas o el propio sistema educativo de cada nación (ahí es nada). De  este análisis podemos concluir que la necesidad de deberes no es la misma en todas las materias y que, además, hay otras variables que influyen en los resultados. Que un profesor, por ejemplo, de filosofía organice sus clases de tal manera que no le sea necesario mandar deberes para casa, ¿significa que un docente de matemáticas pueda hacer lo mismo? Las materias son diferentes y, por tanto, también las necesidades. La forma de organizar las clases no solo influye en los deberes, sino que también depende de muchos factores; entre ellos el número de alumnos por aula y la implicación de los mismos y de sus familias. La cuestión es compleja y hay muchas variables implicadas. Por tanto, estimo, que pretender acabar con los males del sistema eliminando los deberes es, cuando menos, una concepción simplista de la realidad educativa.
Puedo estar de acuerdo con que, como he leído hace pocos días, “el interés es el que crea los hábitos (de estudio) y no los hábitos los que crean el interés”; como frase lapidaria no tiene desperdicio. Ahora bien, si el niño no tiene interés por el hábito de ir a la escuela ¿se queda en casa? ¿O el único interés que preocupa es el relacionado con los deberes? El tema que nos ocupa no es tan simple como una frase afortunada pueda dar a entender, por tanto sería deseable dejar a un lado las posiciones maximalistas para avanzar en el diálogo.
Es importante tener presente el contexto en el que nos movemos. En España las ratios son superiores a otros países, la inversión educativa es de las más bajas del entorno europeo y el respecto al profesor no pasa por su mejor momento (todos sabemos de las continuas disrupciones en las aulas, tristemente cada vez más habituales). Esta realidad dificulta extraordinariamente, cuando no imposibilita, la individualización de la enseñanza y esa imposibilidad tiene mucho que ver con los deberes. Por tanto el debate debería ir más allá del “sí o no” a los deberes; lo que necesitamos, en realidad, es un análisis del todo y no de una parte, porque de lo contrario nos podemos encontrar con que no solucionamos nada.

sábado, 19 de noviembre de 2016

"El negacionismo aplicado a los deberes" por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en eldiario.es

    En este diario se publicó un artículo de Víctor Bermúdez Torres el día 12 de noviembre de 2016, titulado «Más sobre la huelga de deberes», donde se alineaba a favor de la huelga de deberes convocada por la CEAPA para los fines de semana de noviembre y que, además, aprovechaba para desacreditar a todos los que creemos que las tareas escolares de calidad y adaptadas a la edad del niño son buenas.

    En primer lugar centró su objetivo en una madre, Nuria Pérez, que se opuso a la huelga de deberes en una carta que se hizo viral hace algunos días. En dicha misiva cuestionaba la huelga porque, según consideraba, desacreditaba a los docentes. Esta madre en su carta hablaba del diálogo, de la autonomía y de la responsabilidad que genera una educación bien entendida, del respeto necesario a los docentes, de su labor como madre acudiendo a las tutorías cuando algo le parece mal en vez de montar una huelga.

   Para Bermúdez la sensatez que esgrime esta madre en su carta, está basada en argumentos baldíos. Además considera que la huelga no supone ningún descrédito para los docentes y no entiende por qué no puede una madre disentir de un profesor delante de sus hijos.

    Es sabido que cuando los docentes y los padres están «a partir un piñón» el hecho educativo es mucho más efectivo. Cuando un niño ve que su profesor y sus padres están de acuerdo no hay lugar para los malos entendidos. Cuando no es así, y los padres no respetan al docente, el alumno tenderá a no respetarlo, porque el respeto se aprende en el seno familiar.

    Bermúdez en su artículo también hace alusión al «sindicato más pujante en la región», refiriéndose a PIDE, e intentando desacreditar los argumentos que el que suscribe estas líneas escribió en un artículo titulado «No lo llames deberes, llámalo tareas» que se publicó el día 3 de noviembre de 2016 en el diario Hoy.

    El profesor Bermúdez considera que el hábito de estudio no tiene por qué desarrollarse en casa. Prosigue argumentando que los países con más puntuación en PISA imponen pocos deberes a los niños.

    Parece desconocer que en el entorno europeo sí se mandan, y con normalidad, deberes para casa. En Francia, por ejemplo, se llevó a cabo hace algún tiempo la llamada «huelga de lápices caídos», pero la iniciativa quedo en nada y siguen existiendo deberes en casa, alrededor de 4 horas y media por semana. En Bélgica establecen 5 horas  y media para los deberes escolares. En Finlandia se dedican 2 horas y media a la semana y además los padres realizan labores de apoyo a los niños con lectura en casa y ayuda al estudio. En Alemania dedican a los deberes algo más de 4 horas a la semana. La media según la OCDE es de 4 horas a la semana de deberes, cuando en España es de algo más de 6 horas.

    Si la media de la OCDE es inferior a la media española, adaptémonos a la media. En el término medio está la virtud. Pretender quitar los deberes de un plumazo es una temeridad, que no traería nada bueno para el futuro de nuestros alumnos.

    Desde que el niño es muy pequeño aprende hábitos que le serán imprescindibles para su vida futura: ponerse los zapatos, abrocharse los cordones, comer solo, mantenerse sentado en la silla, lavarse y secarse las manos, utilizar la cisterna después de ir a váter, recoger sus juguetes, dormirse solo, tener un horario de descanso estable y un largo etcétera. Todos estos hábitos darán al niño autonomía y seguridad y, por extensión, autoestima.

    Cuando el niño va creciendo se suman nuevos hábitos a su necesaria formación como persona que progresa y que avanza hacia la consecución de mayores cotas de autonomía. Uno de esos nuevos hábitos cuando el niño entra en primaria es la realización de tareas de responsabilidad, una de ellas es el estudio. El hábito de estudio utilizado convenientemente, adaptado a la edad del niño para que no suponga agobio alguno para el discente es una potente herramienta para asentar conocimientos. Racionalizando el tiempo de estudio el niño puede disponer de otros tiempos para hacer actividades no escolares. Esta reflexión es considerada por el Sr. Bermúdez un modelo de pedagogía rancia y basada en argumentos vacíos, parece que lo moderno, para determinados posicionamientos pedagógicos, es que el niño crezca sin ninguna responsabilidad con respecto a sus tareas escolares.

    El niño necesita tiempo para jugar con otros niños, tiempo para estar con la familia y tiempo para realizar actividades extraescolares, lo que no está reñido con los deberes. ¿Puede un niño de 10 años dedicar 30 minutos de deberes al día? ¿Dedicando ese tiempo de estudio le queda tarde para jugar con los amigos, estar con la familia o ir a clases de teatro? La respuesta es obvia. Creo firmemente que ese es el debate real, el otro es ideológico.

    Según Víctor Bermúdez la objeción a los deberes no es porque no tengan tiempo para hacerlos, sino porque son un error, son poco efectivos y ocupan el tiempo de ocio familiar.

    Considerar un error los deberes escolares es el error. La experiencia, el conocimiento de cualquier materia, se adquiere por la vivencia de la experiencia misma y los deberes ayudan a asentar la experiencia y el conocimiento, son un complemento de mucho valor. Otra cosa, en la que estoy plenamente de acuerdo, es que un exceso de deberes puede ser contraproducente.

    Inger Enkvist, insigne pedagoga Sueca experta en enseñanza de lenguas y sistemas educativos comparados, en una entrevista en el programa “La ventana” de la Cadena Ser, dijo el pasado 15 de noviembre de 2016 que es un disparate quitar las tareas escolares, aclaraba, además, que ningún país con alto nivel educativo prescinde de los deberes, y añadía que los mejores son los que suponen un repaso de lo visto en clase. Destacaba de Finlandia no sólo la calidad de los deberes, sino también el respeto que los padres, los alumnos y el Estado tienen a los profesores.

    En cuanto a si los alumnos deben hacer solos o no sus tareas, el Sr. Bermúdez hace suyo el argumento de la CEAPA sobre los entornos favorables y desfavorables y su influencia a la hora de que los niños estén más o menos motivados.

    No se puede negar que haya entornos más favorables que otros y que, por tanto, la desigualdad en este aspecto también sea un hándicap para muchos alumnos. Lo que no es óbice para arremeter contra las tareas en casa, pues hasta en los entornos más desfavorecidos los deberes pueden ser un valor que compense muchas de las carencias que ciertos ambientes pueden provocar.

    Es recomendable conocer la conclusión del informe PISA con respecto a los deberes. Según dicho informe hay que evitar que los deberes aumenten las desigualdades socioeconómicas buscando fórmulas para animar a los alumnos desfavorecidos a realizar las tareas, pero quedaba claro que los deberes son una oportunidad más de aprendizaje que debemos ofrecerle al alumno.

    Para concluir reivindico el revisionismo sensato de todo lo referente a la educación, frente al negacionismo de aquellos que elevan a la categoría de verdad absoluta sus posicionamientos ideológicos, por mucho que los quieran enmascarar tras la pátina de una supuesta pedagogía moderna.

jueves, 17 de noviembre de 2016

"Hartos de Finlandia" por José Antonio Molero Cañamero (Delegado del Sindicato Pide). Publicado en el Diario Hoy

     Ya lo decía Cervantes «Las comparaciones (.) son siempre odiosas y mal recibidas», y aún más cuando se hacen desde la demagogia y el oportunismo político. Aparte de eso, son perjudiciales. Aunque por otro lado puedo llegar a entender que sean inevitables y en ocasiones necesarias. El continuo estado de comparación al que se somete el sistema educativo español frente al finlandés ha llegado a una situación tan ridícula como absurda. Su uso constante no deja de sonar como un recurso fácil y manipulativo, utilizado como punta de lanza por los grandes desconocedores de la realidad educativa española. ¿Qué tendrá que ver nuestra forma de vida con la finlandesa?
¿Realmente necesitamos mirar a Finlandia para resolver nuestros problemas? ¿Acaso la solución de nuestros problemas se encuentra en manos de los finlandeses? Dudar de nuestra capacidad es un insulto a nuestra inteligencia. ¿Acaso no hay, ni ha habido, grandes pedagogos en España? ¿Acaso no hay gente que no deja de aportar ideas y proponer soluciones? ¡Mirémonos a nosotros mismos y busquémoslas!
      En Finlandia tampoco lo hacen del todo bien, o por lo menos hay datos que chirrían. Sí, según las estadísticas es uno de los países donde reina la felicidad, pero su alta tasa de suicidio, su alta tasa de alcoholismo, su alta tasa de violencia de género, de acoso escolar. (todas ellas superiores a las españolas) no son acordes a su espléndida educación.
     No dudo que el sistema educativo finlandés sea uno de los mejores, pero hay que ir más allá de las comparaciones. Se le debe considerar como un referente más del sistema educativo mundial pero sin dejar de olvidar que sus estadísticas son erróneamente utilizadas en un nivel educativo cuando en realidad pertenecen al nivel instructivo.
     Al leer sobre las bondades del sistema educativo finlandés comparado con el nuestro, me surgen cientos de dudas y lo peor de todo es que muchas de ellas ni siquiera se ponen encima de la mesa para debatirlas: ¿Cuál es el número de alumnos por aula? ¿Cuántas horas diarias duerme un niño? ¿A qué dedican su tiempo libre? ¿Disponen los alumnos de los materiales que necesitan? ¿Quién los paga? ¿Qué implicación tienen los padres? ¿Cuál es su nivel cultural? ¿Realizan los profesores trabajo burocrático? ¿Qué estabilidad laboral tiene el profesorado? ¿Se le permite conciliar su vida laboral y familiar? ¿Qué porcentaje de niños acude al colegio sin apenas desayunar? Y más aún ¿Por qué en esas comparaciones no se habla de los derroches económicos como el de la educación concertada? ¡Qué miren en Finlandia el porcentaje de conciertos educativos! ¿O la paranoia plurilingüística? ¿Por qué nadie habla de un gasto innecesario en religión, de un acuerdo caduco que lastra nuestra escuela supuestamente laica? ¿Cuántas leyes de educación han existido en los últimos cincuenta años? ¿Qué nivel de politización tiene el sistema educativo?... Y todo eso y mucho más sin entrar en aspectos climatológicos.
     Encontrar las soluciones a nuestros males educativos raya la utopía, pero desde luego en Finlandia no están. Y si existen en algún sitio, están aquí. Hay que escuchar a los expertos, estudiar sus propuestas, hay que mirar a otros países líderes en educación, no sólo a los finlandeses. Debemos alejarnos de los pedagogos mediáticos con aspiraciones políticas que se inclinan por lo que el gobierno del momento quiere imponer. Hay que analizar las características internas del sistema, minimizar nuestras debilidades, potenciar nuestras fortalezas, prevenir nuestras amenazas y aprovechar nuestras oportunidades.
     Cuatro de los factores esenciales de la educación (alumnado, profesorado, padres y Estado) deben aceptar sus roles, evitar inmiscuirse uno en el otro, reconocer y respetar sus márgenes de actuación. Es penoso ver cómo el Estado no ceja en su empeño de manipular el sistema educativo, siendo este uno de nuestros mayores males. Es triste ver cómo parte de los padres fomentan campañas contra los criterios del profesorado. Es desesperante ver cómo parte del alumnado no acepta que estudiar significa un esfuerzo constante. Y es sorprendente ver cómo parte del profesorado pretende dedicarse a esto sin una formación adaptada a los tiempos.
    Los males de nuestro sistema son muchos, pero no me cabe la menor duda de que mirar tanto a este país, tomarlo como único modelo a seguir, no nos traerá la solución definitiva. Las comparaciones se hacen y se siguen haciendo constantemente, pero comparar la educación de países tan dispares en cultura, costumbres, clima, política, sociedad. no tiene, en mi humilde opinión, sentido alguno.

jueves, 3 de noviembre de 2016

"No lo llames deberes, llámalo tareas", por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en El Diario Hoy

Una vez más se vuelve a desempolvar el viejo debate sobre la conveniencia o no de mandar tareas escolares para que los alumnos hagan en casa. Una polémica cíclica e impostada que la misma asociación de siempre se encarga de poner en el candelero en determinados momentos, un debate artificial cuya intencionalidad no termino de entender. El desarrollo, entre otros, de hábitos de trabajo individual, de esfuerzo, de responsabilidad, de autonomía..., son objetivos que vertebran toda la legislación educativa y que están considerados por todos los expertos en educación como fundamento del éxito escolar. ¿Por qué, nuevamente, se pone en tela de juicio la idoneidad de crear hábitos de estudio en los alumnos? ¿A quién beneficia este debate?
Los deberes escolares además de suponer una práctica de los conocimientos impartidos en la escuela, tienen la misión trascendental de crear el hábito de estudio necesario para poder afrontar la creciente complejidad de los cursos superiores. Si el alumno no tiene esos hábitos adquiridos en primaria, cuando llegue a los cursos de secundaria estará en un serio aprieto para poder afrontar las necesidades de estudio.
Está claro que el niño debe conciliar la vida escolar con la familiar y lúdica, pero los vendedores de humo, esos que demonizan el hábito de trabajo, quieren ir más allá: que el niño de primaria no tenga tareas escolares. Muchos padres saturan a sus hijos con clases de kárate, danza, teatro, pintura o música; por cierto, que de esta última tendrán el instrumento elegido en casa para practicar lo que aprendan en el conservatorio o en la escuela de música. Los grupos pro-no-tareas parece que tienen poco que decir ante esta sobrecarga de actividades. Los docentes no se inmiscuyen en la decisión de los padres de cargar, más o menos, a sus hijos con actividades extraescolares, por tanto nadie, ni siquiera los padres, tiene por qué decir a los profesores cómo hacer su trabajo.
Es necesario para la evolución normal del niño que tenga tiempo para jugar y para socializarse, eso está fuera de toda duda, y que también pueda aprender música o teatro, aprendizajes que son muy apropiados para desarrollar el intelecto. Pero las tareas escolares adaptadas a la edad del niño deben tener su espacio en el tiempo del alumno, debe ser lo primero que se planifique.
Otro torpe argumento de los defensores de no crear hábitos de trabajo en el niño, es que hay padres que no pueden ayudar en las tareas escolares a sus hijos y otros sí, dependiendo de la disponibilidad de los padres o del nivel cultural que tengan. Los progenitores o tutores legales no necesitan saber nada de matemáticas o de geografía para establecer un horario de estudio a su hijo, además es un grave perjuicio que los padres hagan las tareas a sus vástagos; los deberes los ponen los docentes y son estos los que tienen que corregirlos y detectar las dificultades para darles solución.
Las asociaciones que defienden el «no a las tareas escolares», pocas afortunadamente, una si acaso, parece que están mal asesoradas, dado que es difícil llegar a entender la razón por la que pretenden poner palos en las ruedas al futuro de los alumnos, a su éxito escolar.
«Somos el resultado de lo que hacemos repetidamente. La excelencia entonces, no es un acto, sino un hábito», decía Aristóteles. La práctica en casa, el hábito de trabajo y la rutina de estudio sentarán las bases del éxito escolar. Y si estos pilares los regulamos de forma sensata para que el niño pueda tener su tiempo de esparcimiento familiar y de juegos con otros niños, tendremos la fórmula del éxito o, al menos, habremos puesto en liza todos los ingredientes para conseguirlo. Pretender lo contrario, que el niño no tenga ninguna responsabilidad con sus tareas escolares, que no adquiera hábitos de estudio o de trabajo y que se mueva a su libre albedrío, es la exacta fórmula del fracaso. Incomprensible es que ciertas asociaciones defiendan el modelo del fracaso frente al modelo del éxito.
El fracaso escolar es un lastre para cualquier sociedad por ser un factor que provoca exclusión social. Y lo estamos viendo ya en la sociedad, chicos y chicas que ni estudian ni trabajan en un porcentaje que es preocupante. La educación debe dar respuesta a esta realidad que amenaza con convertirse en un problema endémico. Las causas del fracaso pueden estar relacionadas con el propio alumno y su cese en el esfuerzo, con factores socioeconómicos o, incluso, con el propio sistema educativo, así como con todos estos motivos imbricados entre sí. Es evidente, por tanto, que la Administración debe dar una respuesta integral que tenga en cuenta todos los factores susceptibles de provocar el fracaso del alumno. Pero lo que queda claro es que el hábito de estudio, adaptado a la edad del alumno, es una de las estrategias necesarias para culminar con éxito el reto que, sin duda, supone adquirir cualquier título académico.

miércoles, 19 de octubre de 2016

"La sombra de la Iglesia es alargada", por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en El Periódico Extremadura

Miércoles, 16 de noviembre de 2016. Día frío y nublado. La Agencia Nacional de Meteorología predice que no va a llover, pese a que se avecina una gran tormenta en determinados puntos de la región.
IES ubicado en una zona rural. 8:30 de la mañana. Clase: 4º de ESO. Materia: Biología y Geología. Número de alumnos: 32.  Actividad: “El origen de la vida: la evolución de las especies (Darwin)”. Grado de dificultad: medio-alto. Grado de adoctrinamiento: cero. El profesor considera que es un grave perjuicio para los alumnos no poder desdoblar el grupo.
9:30 de la mañana. Clase: 4º de ESO. Materia: Religión. Número de alumnos: 15. Actividad: “El creacionismo: Adán y Eva, los primeros pobladores”. Grado de dificultad: ínfimo, no tiene. Grado de adoctrinamiento: colosal. Grado de contradicción con la materia anterior: gigantesco.  El profesor considera que es una gran ventaja impartir doctrina a un grupo reducido de alumnos.
¿Por qué la “asignatura” de religión va a gozar del privilegio de una ratio reducida, aunque sea en determinados centros, cuando las asignaturas científicas no tienen la misma consideración? Una de dos, o la Consejería de Educación se ha vuelto loca, o ha sucumbido a las presiones del poder eclesiástico; prefiero la primera opción, porque la segunda nos lleva a un escenario de sumisión del Gobierno de Extremadura ante el “lobby” religioso.  
El privilegio que recibe la asignatura de Religión, cuyas clases podrán tener 15 alumnos o menos cuando sea necesario, es un agravio comparativo con el resto de especialidades, muchas de las cuales han perdido también horas y no se les ha compensado de ninguna manera. Hemos pasado del debate sobre si la religión debe salir de las aulas, a otorgarle el privilegio de la reducción de ratio. Por desgracia la involución es uno de los males del sistema educativo, llevamos siete leyes de educación en 35 años y estamos, prácticamente, en la misma casilla de salida en cuanto a aspectos fundamentales.
La Consejería de Educación ha torcido, y retorcido, la realidad hasta hacerla coincidir con los intereses de la iglesia sin pillarse los dedos, pasando de la primera propuesta que era ilegal (la de compensar su horario con horas ajenas), a la segunda (la del desdoble) que es alegal y, por tanto, difícilmente recurrible por vía judicial. Los intereses espurios de grupos de presión consiguen, nuevamente, doblegar al Gobierno de Extremadura y teledirigirlo hacia decisiones que insultan a todos los docentes que han conseguido su plaza en dura competencia bajo los principios de igualdad, mérito y capacidad.
Los agrupamientos especiales (ratio baja) se hacen buscando la calidad de enseñanza en asignaturas que lo necesitan por su especial dificultad. Pero en el caso de la enseñanza religiosa no se aplica este criterio, se pretende utilizar este tipo de agrupamientos de forma ilegítima, no para conseguir una mejora en la calidad de enseñanza, sino para contentar a la curia episcopal extremeña.
La excusa que la Administración educativa da para no disminuir la ratio implementando y extendiendo los desdobles en asignaturas científicas, es siempre presupuestaria. Pero en el caso de Religión no han tenido empacho alguno en desdoblar los grupos de alumnos en determinados centros como prueba clara del sometimiento del Gobierno de Extremadura, teóricamente de izquierdas, a las presiones religiosas. Una triste realidad que demuestra poco carácter ideológico y mucha debilidad programática por parte del ejecutivo extremeño.
Decía José Luis Sampedro que “es más libre un librepensador dentro de un calabozo, que el guardia que lo custodia…”. El guardia cumple órdenes, el librepensador no. ¿Cumple órdenes el Gobierno de Extremadura plegándose a los intereses de la iglesia? ¿Cuándo tendremos un gobierno de librepensadores?
Tan poca altura de miras provoca que no avancemos, que estemos estancados en la mediocridad más palmaria. Todas las facilidades para que los niños aprendan a rezar, pero pocas para que aprendan matemáticas, lengua, filosofía… Los responsables de ejecutivo extremeño deberían hacer una profunda reflexión y poner por delante los intereses de la escuela pública por encima de las pretensiones sectarias del poder eclesiástico.
La raíz del problema reside en el concordato con la Santa Sede (1953) y la posterior reforma del mismo en 1979. Dicho acuerdo, además de vulnerar la separación de poder entre la Iglesia y el Estado, fue anterior a la aprobación de la Constitución por lo que todo apunta a su inconstitucionalidad.
Un privilegio vitalicio que se le otorgó a la Iglesia Católica, y que nació del nacionalcatolicismo que vertebraba todos los aspectos de la vida, en la época más oscura que España padeció durante 40 años, y que aún persiste en el ADN de muchos políticos y “lobbys” religiosos nostálgicos que se resisten a despojarse de los últimos rescoldos del pasado.

Alfredo Aranda

martes, 13 de septiembre de 2016

DesConcertados. Por Alfredo Aranda, vicepresidente de Pide, publicado en el Diario Hoy

«Se comunica a todos los padres y madres que el nuevo uniforme escolar se podrá adquirir, única y exclusivamente, en el centro educativo. Pueden informarse en la secretaría del centro».
¿Los centros educativos que veden uniformes lo hacen al precio de coste, para así demostrar, con su ejemplo, la infinita bondad de su ideario religioso, de su darse a los demás? Me temo que no, que de esa partida textil se embolsarán un buen pellizco, cosa que se aseguran obligando a los padres a adquirir los uniformes en el centro o, en otros casos, que de todo hay, haciendo convenios, por ejemplo, con el Corte Inglés, cuando hablamos de centros gestionados por congregaciones religiosas de carácter nacional.
Según la OCU, el 91% de las escuelas concertadas obliga al pago de cuotas. Los centros concertados reciben subvenciones de dinero público para pagar los salarios de los docentes, para los gastos de mantenimiento, de personal de administración y servicio, de monitores de AFC; por tanto, si un centro concertado le saca un euro a un alumno está incumpliendo la ley, donde queda claro que los centros privados concertados deben ser gratuitos para los padres. Sin embargo, estos centros sacan tajada de la venta de uniformes escolares, de material deportivo (chándales principalmente), de material escolar, de aportaciones a fundaciones o asociaciones, de actividades extraescolares, de servicios complementarios. y, claro, también de las donaciones 'libres' que muchos padres se ven forzados a hacer por aquello de no quedar en evidencia. La media anual de estos cobros alcanza la cuantía, según la OCU, de 500 euros. En algunos casos esta cantidad se duplica y, por tanto, en otros se reduce.
El estudio de la OCU también estimó que el coste anual de un centro concertado es de 3.700 euros y el de uno público 2.180, es decir, un 70% más caro el concertado. Pese a que la Administración, torciendo la realidad, siempre dice lo contrario o lo insinúa.
Reciben dinero público pero su mentalidad sigue siendo privada y sus objetivos pasan siempre por la recaudación y la evangelización. Los centros concertados, me refiero a los religiosos -la mayor parte-, tienen lo que llaman «plan de acción pastoral» o, simplemente, «pastoral», donde se presentan como «centros evangelizadores» cuyo objetivo principal transita por los caminos de la fe. Ríete tú de la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
No podemos olvidar que la educación privada es un negocio y, como tal, es perfectamente legal. Pero el ciudadano que quiera una educación privada debe asumir su coste y el que quiera una educación pública la tiene gratis; para eso se pagan impuestos. Un Estado tiene que defender los servicios públicos por encima de todo y si no lo hace está perjudicando, seriamente, las estructuras básicas del país. El mismo criterio para concertar un centro privado podría establecerse para concertar un supermercado. Si un carnicero abre un supermercado en una barriada o en un pueblo cuyos habitantes no disponen de este servicio y pidiera que se lo concertaran ¿sería posible? Me temo que no, ¿verdad? Pese a que comer es una necesidad del ciudadano tan básica, como la educación.
Hace más de 30 años, la falta de centros públicos, como consecuencia de las cuatro décadas de retraso que trajo la dictadura, provocó que, con el aumento de la demanda de escolarización, se concertaran unidades con centros privados para salir del paso. Pero la situación debió de ser temporal, mientras la red pública se ampliaba. De hecho, el artículo 27.5 de la Constitución dice que los poderes públicos deben garantizar la creación de centros docentes. Por tanto podemos considerar la concertación como un grave desajuste del sistema democrático, que no ha conseguido compensar la falta de inversión en educación pública, y convierte los conciertos, que nacieron con carácter transitorio, en algo permanente y, lo que es peor, ampliable.
La concertación debió desaparecer, progresiva y proporcionalmente, a medida que se iban contrayendo los centros necesarios comprometidos en la Carta Magna, hasta abarcar la totalidad de los alumnos. Para así, llegar a la situación ideal que debe promover un Estado democrático; la existencia de dos vías que aseguren la elección de centros por parte de los padres: la vía pública y la vía privada. Pero ningún partido político ha tenido la altura democrática suficiente para corregir esta anomalía.
Nuestra organización sindical propuso, hace meses, a los diferentes partidos políticos presentes en la Asamblea de Extremadura, que promoviesen una propuesta de impulso para terminar con los conciertos educativos en nuestra comunidad. Convertir los centros concertados en públicos, de forma progresiva, era (y es) el planteamiento, asegurando el puesto de trabajo de los profesores de la concertada hasta su jubilación (cosa que ahora no tienen asegurado). Cada vacante nueva, cada sustitución, cada jubilación producida... deberían ser ocupadas, con este nuevo diseño, por docentes de la pública, en sus diferentes situaciones administrativas: funcionarios de carrera en comisión de servicio o por concurso de traslados, funcionarios interinos. Con esta metamorfosis todos salen ganando: los profesores de la concertada blindan su puesto de trabajo, y los de la pública acceden, poco a poco, a los centros reconvertidos en públicos.
Los centros privados concertados que no aceptaran esta medida dejarían de recibir financiación pública y se cancelaría el concierto educativo. Pasarían a ser centros estrictamente privados y tendrían que financiarse, por tanto, con las cuotas de los padres de los alumnos y con los recursos que, dentro de la iniciativa privada, estimasen oportunos.

jueves, 25 de agosto de 2016

LOS 3000... INTERINOS por Alfredo Aranda publicado en el Diario Hoy

El hábito, malsano, de perjudicar al más débil que la Administración, siempre que puede, pone en práctica, lo volvemos a ver este año con la adjudicación del colectivo de interinos docentes que se llevó a cabo el 29 de julio. El colectivo de interinos, la mayor parte, ya sabe su destino para el curso próximo, pero, sin embargo, la incorporación no se producirá hasta el 9 de septiembre (o el 3 de octubre en el caso de los programas). Poco importa que meses atrás, el 27 de mayo, se aprobara el calendario escolar (cuyos pormenores fueron objeto de negociación) donde quedaba meridianamente claro que todos los docentes se incorporarían el día 1 de septiembre.
Con esta actitud los responsables máximos de la consejería demuestran poca aptitud. Todos los docentes, de los que habla la resolución, son «todos» y de ese «todos» no se puede quitar al colectivo de interinos, de otra forma la Administración estaría contraviniendo su propia resolución y, de paso, discriminando de forma clara, y consciente, a un colectivo que debe participar desde el principio en las actividades de organización y planificación. ¿Acaso los profesores de la concertada, que reciben su sueldo con dinero público, se incorporan el 9 de septiembre? No, ¿verdad? Una prueba más que demuestra que la Administración tiende a desnortarse con cierta facilidad, y, con ello, provoca un perjuicio injustificable al sistema público de enseñanza.
Soy consciente de que la Administración educativa no va a mover ni un músculo para deshacer este agravio (eso sería reconocer que se han equivocado y los haría humanos), y dejará que la polémica se pudra y que el tupido velo del tiempo cubra con el olvido esta insensata decisión de entorpecer el inicio del curso.

Los actuales dirigentes de la Consejería pretenden, o eso dicen, entronizar la excelencia educativa como piedra angular de su proyecto. Cosa que también pregonaban los anteriores regentes autonómicos de lo educativo. Pero todo se queda en palabras, en buenas intenciones. No dudo que la consejera de Educación y su secretario General, en sus ensoñaciones románticas, con respecto a la educación, se entiende, fantaseen con un sistema educativo perfecto, donde ningún alumno estropee las clases y todos se esfuercen, donde los profesores se empleen por encima del cien por cien de sus posibilidades, donde haya recursos ilimitados, donde siempre perdure la primavera. Pero la realidad es otra, hay mucho por hacer, queda todo por hacer, y lo que menos necesita el sistema educativo es la dañina desinversión que con tanta solemnidad los políticos justifican, en sus declaraciones a la prensa, con la «jerga política» habitual que lo mismo vale para explicar un recorte, como para felicitar la Navidad. Es urgente que los que dirigen el devenir de la educación en Extremadura bajen de las nubes, y con los pies en la tierra, empiecen a tomar decisiones de altura, maduras y justas, basadas en criterios de calidad. La inversión es, en este contexto, el principio activo que curará los males del sistema.
El hecho de que los interinos, tres mil con la adjudicación bajo el brazo, no empiecen su actividad el 1 de septiembre es una prueba más de los derroteros por donde transita la educación pública: la desinversión, el enemigo número uno del sistema educativo público. Es incomprensible que, por una parte, la Consejería haga un esfuerzo (aún insuficiente) por recuperar, poco a poco, la plantilla que se perdió con el anterior ejecutivo y, por otra, se evite que el 20% de la plantilla esté en su centro el primer día de septiembre.
Hay que invertir en educación pública y mantener, y aumentar, esa inversión en el tiempo. De lo contrario no avanzaremos, y con sobrevivir tendremos bastante. Porque cada día que pasa, por falta de interés de la Administración, la educación pública se consume (por muchos parches que se le pongan) y se condena a sus principales actores a caer en el desencanto, tan fértil siempre por estas tierras. Los docentes que tenemos en Extremadura son buenos, pero eso no es suficiente; necesitan que la Administración educativa esté a la altura.
Quiero pensar, y termino ya, que, como decía José Ortega y Gasset: «La mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella». Espero que aquellos que dirigen los designios de la educación se den cuenta, a tiempo, de que tienen en su mano el futuro de las próximas generaciones.