domingo, 15 de enero de 2017

"La fe como asignatura" por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en eldiario.es

  El hombre creó a Dios, pero siempre nos han dicho lo contrario. Desde la más tierna infancia, cuando se forma el modo pensar y el cerebro absorbe con avidez aprendizajes y comportamientos, el adoctrinamiento religioso, con apoyo del aparato del Estado, empieza a funcionar como una maquinaria bien engrasada. Lo que viene después ya lo sabemos.

   Que la fe sea una asignatura, y, por añadidura, puntuable es tan anacrónico que nos retrotrae a los tiempos del nacionalcatolicismo. Decía Jean Jacques Rousseau que la fe era una cuestión de geografía. Y es cierto. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que ser católico, protestante o hinduista depende, fundamentalmente, del lugar de nacimiento o de la familia en que te críes? La fe, que en realidad, es la credulidad ciega sin preguntas no debería formar parte del horario lectivo, por la simple razón de que es una cuestión que tiene que ver con las creencias y los dogmas y, por tanto, circunscrito únicamente al ámbito personal.

   Desde el principio de los tiempos el ser humano ha buscado explicación a todo lo que no conocía. La lluvia, el sol o la luna eran considerados elementos divinos y adorados como si fueran dioses. A medida que la ciencia fue evolucionando y desentrañó estos misterios el hombre cambió de dioses, se buscó otros más elaborados, más complejos, para que fueran inmunes a la ciencia. Y pese a que la ciencia ya ha dado respuesta a casi todos los misterios de la creación, aún persiste el atávico legado de nuestros ancestros otorgando explicación divina al origen del mundo.

   La religión, como asignatura, es una materia adoctrinante y, por tanto, no debería estar en las aulas en un País que, como España, es aconfesional. La libertad de credo, que defiendo firmemente, choca directamente con la laicidad del Estado en asuntos como el educativo. Cualquier religión debería estar circunscrita al ámbito de su Iglesia y de sus centros parroquiales, y que cada familia en la privacidad de su hogar y en los templos que correspondan pudieran ejercer la libertad de credo con todas las garantías. Pero sin invadir espacios que no son suyos.

   Además, la autoridad religiosa es la que determina el currículo de esta materia, quedando al margen la autoridad educativa; de hecho ni la inspección puede inspeccionar la labor del laboral de religión. La elección de los profesores de Religión tampoco está controlada, dado que en su selección están ausentes los principios democráticos de igualdad, mérito y capacidad que debe regir cualquier selección de personal pagado con dinero público.

   Para ser profesor de Religión se necesita, además de la titulación para ejercer como docente, la Declaración Eclesiástica de Idoneidad concedida por la Diócesis correspondiente. Pero nada de esto tendría valor si no cuentas con la recomendación del obispo de la Diócesis. Por tanto podemos decir que se accede por contactos e influencias, lo que parece no avergonzar a nadie: ni al obispo que señala al candidato, ni a la Administración que paga con dinero público su sueldo.

   La coherencia más básica nos dice que en un Estado laico la Religión no debería formar parte de las materias ofertadas en los centros educativos sostenidos con fondos públicos. Ningún gobierno ha hecho ni lo más mínimo por dar término al Concordato con la Santa Sede (que sería lo racional y deseable), pero al menos se debería plantear su revisión para estudiar la posibilidad de sacar la Religión del horario lectivo, y ubicarla en una séptima hora o por la tarde como actividad formativa complementaria. Consiguiendo con ello dejar el horario lectivo para las asignaturas científicas y, además, mantener la plantilla de profesores de religión e, incluso, quién sabe si aumentarla. No será fácil.

viernes, 9 de diciembre de 2016

"Deberes escolares: epicentro del maximalismo" por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en eldiario.es

La racionalización de los deberes para que no supongan un tiempo excesivo al alumno y que, además, sean de calidad para que no se conviertan en una simple repetición de ejercicios o copia indiscriminada de enunciados es, según mi criterio, la opción más sensata. Desde determinados colectivos se nos acusa, con persistencia, a  los que defendemos estos planteamientos, de estar mediatizados por una pedagogía añeja y de argumentos pobres cuando no falaces. Considero que este posicionamiento de ataque entorpece el diálogo.
Estoy plenamente de acuerdo con los que piensan que el diálogo es el instrumento con el que debe contar la comunidad educativa para llegar a un entendimiento en el tema de los deberes, y en cualquier otro que tenga que ver con la educación.
El diálogo ya está abierto y ha llegado al ámbito de Consejo Escolar de Extremadura. Se ha creado, bajo el auspicio del Consejo Escolar, una Comisión que se encargará de analizar el delicado asunto de los deberes. Al informe que nazca de los trabajos de dicha Comisión, se le sumará el resultado de la encuesta sobre los deberes que se enviará a alumnos, padres y profesores. Es de mucho interés el resultado final de la Comisión de trabajo y, particularmente, lo referido a lo que piensa la comunidad educativa de los deberes, cosa que podremos saber una vez que se analicen los resultados de las encuestas que, a tal efecto, se enviará a los centros.
¿Tienen los deberes valor educativo? Es la gran pregunta. La respuesta sería, pienso, como en tantos otros asuntos, depende. Los deberes no deben matar la creatividad del alumno, la deben fomentar, y es ahí donde los docentes deberían incidir: mejor calidad que cantidad. Por tanto no tendrían valor educativo si suponen una simple repetición eterna de ejercicios, y sí lo tendrían si son deberes constructivos.
He leído artículos que con una habilidad destacable hacen una reflexión, entre filosófica y pedagógica y trufada, por añadidura, de idealismo, sobre el maravilloso mundo de la sociedad sin deberes, pero que finalmente piden una racionalización de los mismos y no su abolición. Es lo que, particularmente, llevo diciendo hace meses en diferentes foros de debate: racionalizar los deberes para adaptarlos a la edad del niño y que, por tanto, no supongan ningún agobio innecesario para el discente.
El informe PISA quedó claro, en su momento, que los niños que realizan tareas en casa sacan mejores notas, sin embargo también decía que hacer más deberes no implicaba mayor rendimiento académico. Lo que nos lleva, de nuevo, al concepto mágico: racionalización. El referido informe también ponía énfasis en evitar que los deberes aumentaran las desigualdades. Podemos concluir que PISA reconoce los deberes como necesarios, siempre y cuando no sean excesivos y no aumenten las desigualdades (facilitar, por ejemplo, que niños de familias desestructuradas puedan acceder a espacios para hacer sus tareas con garantías y apoyo).
Un estudio de la OCDE de 2014 (en “Quartz”, portal periodístico, se analiza dicho estudio) demostraba que en adolescentes de 15 años los deberes eran positivos para los resultados en el apartado matemático, sin embargo tenía mayor incidencia en los resultados la relación estudiante-profesor, las tutorías personalizadas o el propio sistema educativo de cada nación (ahí es nada). De  este análisis podemos concluir que la necesidad de deberes no es la misma en todas las materias y que, además, hay otras variables que influyen en los resultados. Que un profesor, por ejemplo, de filosofía organice sus clases de tal manera que no le sea necesario mandar deberes para casa, ¿significa que un docente de matemáticas pueda hacer lo mismo? Las materias son diferentes y, por tanto, también las necesidades. La forma de organizar las clases no solo influye en los deberes, sino que también depende de muchos factores; entre ellos el número de alumnos por aula y la implicación de los mismos y de sus familias. La cuestión es compleja y hay muchas variables implicadas. Por tanto, estimo, que pretender acabar con los males del sistema eliminando los deberes es, cuando menos, una concepción simplista de la realidad educativa.
Puedo estar de acuerdo con que, como he leído hace pocos días, “el interés es el que crea los hábitos (de estudio) y no los hábitos los que crean el interés”; como frase lapidaria no tiene desperdicio. Ahora bien, si el niño no tiene interés por el hábito de ir a la escuela ¿se queda en casa? ¿O el único interés que preocupa es el relacionado con los deberes? El tema que nos ocupa no es tan simple como una frase afortunada pueda dar a entender, por tanto sería deseable dejar a un lado las posiciones maximalistas para avanzar en el diálogo.
Es importante tener presente el contexto en el que nos movemos. En España las ratios son superiores a otros países, la inversión educativa es de las más bajas del entorno europeo y el respecto al profesor no pasa por su mejor momento (todos sabemos de las continuas disrupciones en las aulas, tristemente cada vez más habituales). Esta realidad dificulta extraordinariamente, cuando no imposibilita, la individualización de la enseñanza y esa imposibilidad tiene mucho que ver con los deberes. Por tanto el debate debería ir más allá del “sí o no” a los deberes; lo que necesitamos, en realidad, es un análisis del todo y no de una parte, porque de lo contrario nos podemos encontrar con que no solucionamos nada.

sábado, 19 de noviembre de 2016

"El negacionismo aplicado a los deberes" por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en eldiario.es

    En este diario se publicó un artículo de Víctor Bermúdez Torres el día 12 de noviembre de 2016, titulado «Más sobre la huelga de deberes», donde se alineaba a favor de la huelga de deberes convocada por la CEAPA para los fines de semana de noviembre y que, además, aprovechaba para desacreditar a todos los que creemos que las tareas escolares de calidad y adaptadas a la edad del niño son buenas.

    En primer lugar centró su objetivo en una madre, Nuria Pérez, que se opuso a la huelga de deberes en una carta que se hizo viral hace algunos días. En dicha misiva cuestionaba la huelga porque, según consideraba, desacreditaba a los docentes. Esta madre en su carta hablaba del diálogo, de la autonomía y de la responsabilidad que genera una educación bien entendida, del respeto necesario a los docentes, de su labor como madre acudiendo a las tutorías cuando algo le parece mal en vez de montar una huelga.

   Para Bermúdez la sensatez que esgrime esta madre en su carta, está basada en argumentos baldíos. Además considera que la huelga no supone ningún descrédito para los docentes y no entiende por qué no puede una madre disentir de un profesor delante de sus hijos.

    Es sabido que cuando los docentes y los padres están «a partir un piñón» el hecho educativo es mucho más efectivo. Cuando un niño ve que su profesor y sus padres están de acuerdo no hay lugar para los malos entendidos. Cuando no es así, y los padres no respetan al docente, el alumno tenderá a no respetarlo, porque el respeto se aprende en el seno familiar.

    Bermúdez en su artículo también hace alusión al «sindicato más pujante en la región», refiriéndose a PIDE, e intentando desacreditar los argumentos que el que suscribe estas líneas escribió en un artículo titulado «No lo llames deberes, llámalo tareas» que se publicó el día 3 de noviembre de 2016 en el diario Hoy.

    El profesor Bermúdez considera que el hábito de estudio no tiene por qué desarrollarse en casa. Prosigue argumentando que los países con más puntuación en PISA imponen pocos deberes a los niños.

    Parece desconocer que en el entorno europeo sí se mandan, y con normalidad, deberes para casa. En Francia, por ejemplo, se llevó a cabo hace algún tiempo la llamada «huelga de lápices caídos», pero la iniciativa quedo en nada y siguen existiendo deberes en casa, alrededor de 4 horas y media por semana. En Bélgica establecen 5 horas  y media para los deberes escolares. En Finlandia se dedican 2 horas y media a la semana y además los padres realizan labores de apoyo a los niños con lectura en casa y ayuda al estudio. En Alemania dedican a los deberes algo más de 4 horas a la semana. La media según la OCDE es de 4 horas a la semana de deberes, cuando en España es de algo más de 6 horas.

    Si la media de la OCDE es inferior a la media española, adaptémonos a la media. En el término medio está la virtud. Pretender quitar los deberes de un plumazo es una temeridad, que no traería nada bueno para el futuro de nuestros alumnos.

    Desde que el niño es muy pequeño aprende hábitos que le serán imprescindibles para su vida futura: ponerse los zapatos, abrocharse los cordones, comer solo, mantenerse sentado en la silla, lavarse y secarse las manos, utilizar la cisterna después de ir a váter, recoger sus juguetes, dormirse solo, tener un horario de descanso estable y un largo etcétera. Todos estos hábitos darán al niño autonomía y seguridad y, por extensión, autoestima.

    Cuando el niño va creciendo se suman nuevos hábitos a su necesaria formación como persona que progresa y que avanza hacia la consecución de mayores cotas de autonomía. Uno de esos nuevos hábitos cuando el niño entra en primaria es la realización de tareas de responsabilidad, una de ellas es el estudio. El hábito de estudio utilizado convenientemente, adaptado a la edad del niño para que no suponga agobio alguno para el discente es una potente herramienta para asentar conocimientos. Racionalizando el tiempo de estudio el niño puede disponer de otros tiempos para hacer actividades no escolares. Esta reflexión es considerada por el Sr. Bermúdez un modelo de pedagogía rancia y basada en argumentos vacíos, parece que lo moderno, para determinados posicionamientos pedagógicos, es que el niño crezca sin ninguna responsabilidad con respecto a sus tareas escolares.

    El niño necesita tiempo para jugar con otros niños, tiempo para estar con la familia y tiempo para realizar actividades extraescolares, lo que no está reñido con los deberes. ¿Puede un niño de 10 años dedicar 30 minutos de deberes al día? ¿Dedicando ese tiempo de estudio le queda tarde para jugar con los amigos, estar con la familia o ir a clases de teatro? La respuesta es obvia. Creo firmemente que ese es el debate real, el otro es ideológico.

    Según Víctor Bermúdez la objeción a los deberes no es porque no tengan tiempo para hacerlos, sino porque son un error, son poco efectivos y ocupan el tiempo de ocio familiar.

    Considerar un error los deberes escolares es el error. La experiencia, el conocimiento de cualquier materia, se adquiere por la vivencia de la experiencia misma y los deberes ayudan a asentar la experiencia y el conocimiento, son un complemento de mucho valor. Otra cosa, en la que estoy plenamente de acuerdo, es que un exceso de deberes puede ser contraproducente.

    Inger Enkvist, insigne pedagoga Sueca experta en enseñanza de lenguas y sistemas educativos comparados, en una entrevista en el programa “La ventana” de la Cadena Ser, dijo el pasado 15 de noviembre de 2016 que es un disparate quitar las tareas escolares, aclaraba, además, que ningún país con alto nivel educativo prescinde de los deberes, y añadía que los mejores son los que suponen un repaso de lo visto en clase. Destacaba de Finlandia no sólo la calidad de los deberes, sino también el respeto que los padres, los alumnos y el Estado tienen a los profesores.

    En cuanto a si los alumnos deben hacer solos o no sus tareas, el Sr. Bermúdez hace suyo el argumento de la CEAPA sobre los entornos favorables y desfavorables y su influencia a la hora de que los niños estén más o menos motivados.

    No se puede negar que haya entornos más favorables que otros y que, por tanto, la desigualdad en este aspecto también sea un hándicap para muchos alumnos. Lo que no es óbice para arremeter contra las tareas en casa, pues hasta en los entornos más desfavorecidos los deberes pueden ser un valor que compense muchas de las carencias que ciertos ambientes pueden provocar.

    Es recomendable conocer la conclusión del informe PISA con respecto a los deberes. Según dicho informe hay que evitar que los deberes aumenten las desigualdades socioeconómicas buscando fórmulas para animar a los alumnos desfavorecidos a realizar las tareas, pero quedaba claro que los deberes son una oportunidad más de aprendizaje que debemos ofrecerle al alumno.

    Para concluir reivindico el revisionismo sensato de todo lo referente a la educación, frente al negacionismo de aquellos que elevan a la categoría de verdad absoluta sus posicionamientos ideológicos, por mucho que los quieran enmascarar tras la pátina de una supuesta pedagogía moderna.

jueves, 17 de noviembre de 2016

"Hartos de Finlandia" por José Antonio Molero Cañamero (Delegado del Sindicato Pide). Publicado en el Diario Hoy

     Ya lo decía Cervantes «Las comparaciones (.) son siempre odiosas y mal recibidas», y aún más cuando se hacen desde la demagogia y el oportunismo político. Aparte de eso, son perjudiciales. Aunque por otro lado puedo llegar a entender que sean inevitables y en ocasiones necesarias. El continuo estado de comparación al que se somete el sistema educativo español frente al finlandés ha llegado a una situación tan ridícula como absurda. Su uso constante no deja de sonar como un recurso fácil y manipulativo, utilizado como punta de lanza por los grandes desconocedores de la realidad educativa española. ¿Qué tendrá que ver nuestra forma de vida con la finlandesa?
¿Realmente necesitamos mirar a Finlandia para resolver nuestros problemas? ¿Acaso la solución de nuestros problemas se encuentra en manos de los finlandeses? Dudar de nuestra capacidad es un insulto a nuestra inteligencia. ¿Acaso no hay, ni ha habido, grandes pedagogos en España? ¿Acaso no hay gente que no deja de aportar ideas y proponer soluciones? ¡Mirémonos a nosotros mismos y busquémoslas!
      En Finlandia tampoco lo hacen del todo bien, o por lo menos hay datos que chirrían. Sí, según las estadísticas es uno de los países donde reina la felicidad, pero su alta tasa de suicidio, su alta tasa de alcoholismo, su alta tasa de violencia de género, de acoso escolar. (todas ellas superiores a las españolas) no son acordes a su espléndida educación.
     No dudo que el sistema educativo finlandés sea uno de los mejores, pero hay que ir más allá de las comparaciones. Se le debe considerar como un referente más del sistema educativo mundial pero sin dejar de olvidar que sus estadísticas son erróneamente utilizadas en un nivel educativo cuando en realidad pertenecen al nivel instructivo.
     Al leer sobre las bondades del sistema educativo finlandés comparado con el nuestro, me surgen cientos de dudas y lo peor de todo es que muchas de ellas ni siquiera se ponen encima de la mesa para debatirlas: ¿Cuál es el número de alumnos por aula? ¿Cuántas horas diarias duerme un niño? ¿A qué dedican su tiempo libre? ¿Disponen los alumnos de los materiales que necesitan? ¿Quién los paga? ¿Qué implicación tienen los padres? ¿Cuál es su nivel cultural? ¿Realizan los profesores trabajo burocrático? ¿Qué estabilidad laboral tiene el profesorado? ¿Se le permite conciliar su vida laboral y familiar? ¿Qué porcentaje de niños acude al colegio sin apenas desayunar? Y más aún ¿Por qué en esas comparaciones no se habla de los derroches económicos como el de la educación concertada? ¡Qué miren en Finlandia el porcentaje de conciertos educativos! ¿O la paranoia plurilingüística? ¿Por qué nadie habla de un gasto innecesario en religión, de un acuerdo caduco que lastra nuestra escuela supuestamente laica? ¿Cuántas leyes de educación han existido en los últimos cincuenta años? ¿Qué nivel de politización tiene el sistema educativo?... Y todo eso y mucho más sin entrar en aspectos climatológicos.
     Encontrar las soluciones a nuestros males educativos raya la utopía, pero desde luego en Finlandia no están. Y si existen en algún sitio, están aquí. Hay que escuchar a los expertos, estudiar sus propuestas, hay que mirar a otros países líderes en educación, no sólo a los finlandeses. Debemos alejarnos de los pedagogos mediáticos con aspiraciones políticas que se inclinan por lo que el gobierno del momento quiere imponer. Hay que analizar las características internas del sistema, minimizar nuestras debilidades, potenciar nuestras fortalezas, prevenir nuestras amenazas y aprovechar nuestras oportunidades.
     Cuatro de los factores esenciales de la educación (alumnado, profesorado, padres y Estado) deben aceptar sus roles, evitar inmiscuirse uno en el otro, reconocer y respetar sus márgenes de actuación. Es penoso ver cómo el Estado no ceja en su empeño de manipular el sistema educativo, siendo este uno de nuestros mayores males. Es triste ver cómo parte de los padres fomentan campañas contra los criterios del profesorado. Es desesperante ver cómo parte del alumnado no acepta que estudiar significa un esfuerzo constante. Y es sorprendente ver cómo parte del profesorado pretende dedicarse a esto sin una formación adaptada a los tiempos.
    Los males de nuestro sistema son muchos, pero no me cabe la menor duda de que mirar tanto a este país, tomarlo como único modelo a seguir, no nos traerá la solución definitiva. Las comparaciones se hacen y se siguen haciendo constantemente, pero comparar la educación de países tan dispares en cultura, costumbres, clima, política, sociedad. no tiene, en mi humilde opinión, sentido alguno.

jueves, 3 de noviembre de 2016

"No lo llames deberes, llámalo tareas", por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en El Diario Hoy

Una vez más se vuelve a desempolvar el viejo debate sobre la conveniencia o no de mandar tareas escolares para que los alumnos hagan en casa. Una polémica cíclica e impostada que la misma asociación de siempre se encarga de poner en el candelero en determinados momentos, un debate artificial cuya intencionalidad no termino de entender. El desarrollo, entre otros, de hábitos de trabajo individual, de esfuerzo, de responsabilidad, de autonomía..., son objetivos que vertebran toda la legislación educativa y que están considerados por todos los expertos en educación como fundamento del éxito escolar. ¿Por qué, nuevamente, se pone en tela de juicio la idoneidad de crear hábitos de estudio en los alumnos? ¿A quién beneficia este debate?
Los deberes escolares además de suponer una práctica de los conocimientos impartidos en la escuela, tienen la misión trascendental de crear el hábito de estudio necesario para poder afrontar la creciente complejidad de los cursos superiores. Si el alumno no tiene esos hábitos adquiridos en primaria, cuando llegue a los cursos de secundaria estará en un serio aprieto para poder afrontar las necesidades de estudio.
Está claro que el niño debe conciliar la vida escolar con la familiar y lúdica, pero los vendedores de humo, esos que demonizan el hábito de trabajo, quieren ir más allá: que el niño de primaria no tenga tareas escolares. Muchos padres saturan a sus hijos con clases de kárate, danza, teatro, pintura o música; por cierto, que de esta última tendrán el instrumento elegido en casa para practicar lo que aprendan en el conservatorio o en la escuela de música. Los grupos pro-no-tareas parece que tienen poco que decir ante esta sobrecarga de actividades. Los docentes no se inmiscuyen en la decisión de los padres de cargar, más o menos, a sus hijos con actividades extraescolares, por tanto nadie, ni siquiera los padres, tiene por qué decir a los profesores cómo hacer su trabajo.
Es necesario para la evolución normal del niño que tenga tiempo para jugar y para socializarse, eso está fuera de toda duda, y que también pueda aprender música o teatro, aprendizajes que son muy apropiados para desarrollar el intelecto. Pero las tareas escolares adaptadas a la edad del niño deben tener su espacio en el tiempo del alumno, debe ser lo primero que se planifique.
Otro torpe argumento de los defensores de no crear hábitos de trabajo en el niño, es que hay padres que no pueden ayudar en las tareas escolares a sus hijos y otros sí, dependiendo de la disponibilidad de los padres o del nivel cultural que tengan. Los progenitores o tutores legales no necesitan saber nada de matemáticas o de geografía para establecer un horario de estudio a su hijo, además es un grave perjuicio que los padres hagan las tareas a sus vástagos; los deberes los ponen los docentes y son estos los que tienen que corregirlos y detectar las dificultades para darles solución.
Las asociaciones que defienden el «no a las tareas escolares», pocas afortunadamente, una si acaso, parece que están mal asesoradas, dado que es difícil llegar a entender la razón por la que pretenden poner palos en las ruedas al futuro de los alumnos, a su éxito escolar.
«Somos el resultado de lo que hacemos repetidamente. La excelencia entonces, no es un acto, sino un hábito», decía Aristóteles. La práctica en casa, el hábito de trabajo y la rutina de estudio sentarán las bases del éxito escolar. Y si estos pilares los regulamos de forma sensata para que el niño pueda tener su tiempo de esparcimiento familiar y de juegos con otros niños, tendremos la fórmula del éxito o, al menos, habremos puesto en liza todos los ingredientes para conseguirlo. Pretender lo contrario, que el niño no tenga ninguna responsabilidad con sus tareas escolares, que no adquiera hábitos de estudio o de trabajo y que se mueva a su libre albedrío, es la exacta fórmula del fracaso. Incomprensible es que ciertas asociaciones defiendan el modelo del fracaso frente al modelo del éxito.
El fracaso escolar es un lastre para cualquier sociedad por ser un factor que provoca exclusión social. Y lo estamos viendo ya en la sociedad, chicos y chicas que ni estudian ni trabajan en un porcentaje que es preocupante. La educación debe dar respuesta a esta realidad que amenaza con convertirse en un problema endémico. Las causas del fracaso pueden estar relacionadas con el propio alumno y su cese en el esfuerzo, con factores socioeconómicos o, incluso, con el propio sistema educativo, así como con todos estos motivos imbricados entre sí. Es evidente, por tanto, que la Administración debe dar una respuesta integral que tenga en cuenta todos los factores susceptibles de provocar el fracaso del alumno. Pero lo que queda claro es que el hábito de estudio, adaptado a la edad del alumno, es una de las estrategias necesarias para culminar con éxito el reto que, sin duda, supone adquirir cualquier título académico.

miércoles, 19 de octubre de 2016

"La sombra de la Iglesia es alargada", por Alfredo Aranda (vicepresidente del Sindicato PIDE). Publicado en El Periódico Extremadura

Miércoles, 16 de noviembre de 2016. Día frío y nublado. La Agencia Nacional de Meteorología predice que no va a llover, pese a que se avecina una gran tormenta en determinados puntos de la región.
IES ubicado en una zona rural. 8:30 de la mañana. Clase: 4º de ESO. Materia: Biología y Geología. Número de alumnos: 32.  Actividad: “El origen de la vida: la evolución de las especies (Darwin)”. Grado de dificultad: medio-alto. Grado de adoctrinamiento: cero. El profesor considera que es un grave perjuicio para los alumnos no poder desdoblar el grupo.
9:30 de la mañana. Clase: 4º de ESO. Materia: Religión. Número de alumnos: 15. Actividad: “El creacionismo: Adán y Eva, los primeros pobladores”. Grado de dificultad: ínfimo, no tiene. Grado de adoctrinamiento: colosal. Grado de contradicción con la materia anterior: gigantesco.  El profesor considera que es una gran ventaja impartir doctrina a un grupo reducido de alumnos.
¿Por qué la “asignatura” de religión va a gozar del privilegio de una ratio reducida, aunque sea en determinados centros, cuando las asignaturas científicas no tienen la misma consideración? Una de dos, o la Consejería de Educación se ha vuelto loca, o ha sucumbido a las presiones del poder eclesiástico; prefiero la primera opción, porque la segunda nos lleva a un escenario de sumisión del Gobierno de Extremadura ante el “lobby” religioso.  
El privilegio que recibe la asignatura de Religión, cuyas clases podrán tener 15 alumnos o menos cuando sea necesario, es un agravio comparativo con el resto de especialidades, muchas de las cuales han perdido también horas y no se les ha compensado de ninguna manera. Hemos pasado del debate sobre si la religión debe salir de las aulas, a otorgarle el privilegio de la reducción de ratio. Por desgracia la involución es uno de los males del sistema educativo, llevamos siete leyes de educación en 35 años y estamos, prácticamente, en la misma casilla de salida en cuanto a aspectos fundamentales.
La Consejería de Educación ha torcido, y retorcido, la realidad hasta hacerla coincidir con los intereses de la iglesia sin pillarse los dedos, pasando de la primera propuesta que era ilegal (la de compensar su horario con horas ajenas), a la segunda (la del desdoble) que es alegal y, por tanto, difícilmente recurrible por vía judicial. Los intereses espurios de grupos de presión consiguen, nuevamente, doblegar al Gobierno de Extremadura y teledirigirlo hacia decisiones que insultan a todos los docentes que han conseguido su plaza en dura competencia bajo los principios de igualdad, mérito y capacidad.
Los agrupamientos especiales (ratio baja) se hacen buscando la calidad de enseñanza en asignaturas que lo necesitan por su especial dificultad. Pero en el caso de la enseñanza religiosa no se aplica este criterio, se pretende utilizar este tipo de agrupamientos de forma ilegítima, no para conseguir una mejora en la calidad de enseñanza, sino para contentar a la curia episcopal extremeña.
La excusa que la Administración educativa da para no disminuir la ratio implementando y extendiendo los desdobles en asignaturas científicas, es siempre presupuestaria. Pero en el caso de Religión no han tenido empacho alguno en desdoblar los grupos de alumnos en determinados centros como prueba clara del sometimiento del Gobierno de Extremadura, teóricamente de izquierdas, a las presiones religiosas. Una triste realidad que demuestra poco carácter ideológico y mucha debilidad programática por parte del ejecutivo extremeño.
Decía José Luis Sampedro que “es más libre un librepensador dentro de un calabozo, que el guardia que lo custodia…”. El guardia cumple órdenes, el librepensador no. ¿Cumple órdenes el Gobierno de Extremadura plegándose a los intereses de la iglesia? ¿Cuándo tendremos un gobierno de librepensadores?
Tan poca altura de miras provoca que no avancemos, que estemos estancados en la mediocridad más palmaria. Todas las facilidades para que los niños aprendan a rezar, pero pocas para que aprendan matemáticas, lengua, filosofía… Los responsables de ejecutivo extremeño deberían hacer una profunda reflexión y poner por delante los intereses de la escuela pública por encima de las pretensiones sectarias del poder eclesiástico.
La raíz del problema reside en el concordato con la Santa Sede (1953) y la posterior reforma del mismo en 1979. Dicho acuerdo, además de vulnerar la separación de poder entre la Iglesia y el Estado, fue anterior a la aprobación de la Constitución por lo que todo apunta a su inconstitucionalidad.
Un privilegio vitalicio que se le otorgó a la Iglesia Católica, y que nació del nacionalcatolicismo que vertebraba todos los aspectos de la vida, en la época más oscura que España padeció durante 40 años, y que aún persiste en el ADN de muchos políticos y “lobbys” religiosos nostálgicos que se resisten a despojarse de los últimos rescoldos del pasado.

Alfredo Aranda

martes, 13 de septiembre de 2016

DesConcertados. Por Alfredo Aranda, vicepresidente de Pide, publicado en el Diario Hoy

«Se comunica a todos los padres y madres que el nuevo uniforme escolar se podrá adquirir, única y exclusivamente, en el centro educativo. Pueden informarse en la secretaría del centro».
¿Los centros educativos que veden uniformes lo hacen al precio de coste, para así demostrar, con su ejemplo, la infinita bondad de su ideario religioso, de su darse a los demás? Me temo que no, que de esa partida textil se embolsarán un buen pellizco, cosa que se aseguran obligando a los padres a adquirir los uniformes en el centro o, en otros casos, que de todo hay, haciendo convenios, por ejemplo, con el Corte Inglés, cuando hablamos de centros gestionados por congregaciones religiosas de carácter nacional.
Según la OCU, el 91% de las escuelas concertadas obliga al pago de cuotas. Los centros concertados reciben subvenciones de dinero público para pagar los salarios de los docentes, para los gastos de mantenimiento, de personal de administración y servicio, de monitores de AFC; por tanto, si un centro concertado le saca un euro a un alumno está incumpliendo la ley, donde queda claro que los centros privados concertados deben ser gratuitos para los padres. Sin embargo, estos centros sacan tajada de la venta de uniformes escolares, de material deportivo (chándales principalmente), de material escolar, de aportaciones a fundaciones o asociaciones, de actividades extraescolares, de servicios complementarios. y, claro, también de las donaciones 'libres' que muchos padres se ven forzados a hacer por aquello de no quedar en evidencia. La media anual de estos cobros alcanza la cuantía, según la OCU, de 500 euros. En algunos casos esta cantidad se duplica y, por tanto, en otros se reduce.
El estudio de la OCU también estimó que el coste anual de un centro concertado es de 3.700 euros y el de uno público 2.180, es decir, un 70% más caro el concertado. Pese a que la Administración, torciendo la realidad, siempre dice lo contrario o lo insinúa.
Reciben dinero público pero su mentalidad sigue siendo privada y sus objetivos pasan siempre por la recaudación y la evangelización. Los centros concertados, me refiero a los religiosos -la mayor parte-, tienen lo que llaman «plan de acción pastoral» o, simplemente, «pastoral», donde se presentan como «centros evangelizadores» cuyo objetivo principal transita por los caminos de la fe. Ríete tú de la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
No podemos olvidar que la educación privada es un negocio y, como tal, es perfectamente legal. Pero el ciudadano que quiera una educación privada debe asumir su coste y el que quiera una educación pública la tiene gratis; para eso se pagan impuestos. Un Estado tiene que defender los servicios públicos por encima de todo y si no lo hace está perjudicando, seriamente, las estructuras básicas del país. El mismo criterio para concertar un centro privado podría establecerse para concertar un supermercado. Si un carnicero abre un supermercado en una barriada o en un pueblo cuyos habitantes no disponen de este servicio y pidiera que se lo concertaran ¿sería posible? Me temo que no, ¿verdad? Pese a que comer es una necesidad del ciudadano tan básica, como la educación.
Hace más de 30 años, la falta de centros públicos, como consecuencia de las cuatro décadas de retraso que trajo la dictadura, provocó que, con el aumento de la demanda de escolarización, se concertaran unidades con centros privados para salir del paso. Pero la situación debió de ser temporal, mientras la red pública se ampliaba. De hecho, el artículo 27.5 de la Constitución dice que los poderes públicos deben garantizar la creación de centros docentes. Por tanto podemos considerar la concertación como un grave desajuste del sistema democrático, que no ha conseguido compensar la falta de inversión en educación pública, y convierte los conciertos, que nacieron con carácter transitorio, en algo permanente y, lo que es peor, ampliable.
La concertación debió desaparecer, progresiva y proporcionalmente, a medida que se iban contrayendo los centros necesarios comprometidos en la Carta Magna, hasta abarcar la totalidad de los alumnos. Para así, llegar a la situación ideal que debe promover un Estado democrático; la existencia de dos vías que aseguren la elección de centros por parte de los padres: la vía pública y la vía privada. Pero ningún partido político ha tenido la altura democrática suficiente para corregir esta anomalía.
Nuestra organización sindical propuso, hace meses, a los diferentes partidos políticos presentes en la Asamblea de Extremadura, que promoviesen una propuesta de impulso para terminar con los conciertos educativos en nuestra comunidad. Convertir los centros concertados en públicos, de forma progresiva, era (y es) el planteamiento, asegurando el puesto de trabajo de los profesores de la concertada hasta su jubilación (cosa que ahora no tienen asegurado). Cada vacante nueva, cada sustitución, cada jubilación producida... deberían ser ocupadas, con este nuevo diseño, por docentes de la pública, en sus diferentes situaciones administrativas: funcionarios de carrera en comisión de servicio o por concurso de traslados, funcionarios interinos. Con esta metamorfosis todos salen ganando: los profesores de la concertada blindan su puesto de trabajo, y los de la pública acceden, poco a poco, a los centros reconvertidos en públicos.
Los centros privados concertados que no aceptaran esta medida dejarían de recibir financiación pública y se cancelaría el concierto educativo. Pasarían a ser centros estrictamente privados y tendrían que financiarse, por tanto, con las cuotas de los padres de los alumnos y con los recursos que, dentro de la iniciativa privada, estimasen oportunos.

jueves, 25 de agosto de 2016

LOS 3000... INTERINOS por Alfredo Aranda publicado en el Diario Hoy

El hábito, malsano, de perjudicar al más débil que la Administración, siempre que puede, pone en práctica, lo volvemos a ver este año con la adjudicación del colectivo de interinos docentes que se llevó a cabo el 29 de julio. El colectivo de interinos, la mayor parte, ya sabe su destino para el curso próximo, pero, sin embargo, la incorporación no se producirá hasta el 9 de septiembre (o el 3 de octubre en el caso de los programas). Poco importa que meses atrás, el 27 de mayo, se aprobara el calendario escolar (cuyos pormenores fueron objeto de negociación) donde quedaba meridianamente claro que todos los docentes se incorporarían el día 1 de septiembre.
Con esta actitud los responsables máximos de la consejería demuestran poca aptitud. Todos los docentes, de los que habla la resolución, son «todos» y de ese «todos» no se puede quitar al colectivo de interinos, de otra forma la Administración estaría contraviniendo su propia resolución y, de paso, discriminando de forma clara, y consciente, a un colectivo que debe participar desde el principio en las actividades de organización y planificación. ¿Acaso los profesores de la concertada, que reciben su sueldo con dinero público, se incorporan el 9 de septiembre? No, ¿verdad? Una prueba más que demuestra que la Administración tiende a desnortarse con cierta facilidad, y, con ello, provoca un perjuicio injustificable al sistema público de enseñanza.
Soy consciente de que la Administración educativa no va a mover ni un músculo para deshacer este agravio (eso sería reconocer que se han equivocado y los haría humanos), y dejará que la polémica se pudra y que el tupido velo del tiempo cubra con el olvido esta insensata decisión de entorpecer el inicio del curso.

Los actuales dirigentes de la Consejería pretenden, o eso dicen, entronizar la excelencia educativa como piedra angular de su proyecto. Cosa que también pregonaban los anteriores regentes autonómicos de lo educativo. Pero todo se queda en palabras, en buenas intenciones. No dudo que la consejera de Educación y su secretario General, en sus ensoñaciones románticas, con respecto a la educación, se entiende, fantaseen con un sistema educativo perfecto, donde ningún alumno estropee las clases y todos se esfuercen, donde los profesores se empleen por encima del cien por cien de sus posibilidades, donde haya recursos ilimitados, donde siempre perdure la primavera. Pero la realidad es otra, hay mucho por hacer, queda todo por hacer, y lo que menos necesita el sistema educativo es la dañina desinversión que con tanta solemnidad los políticos justifican, en sus declaraciones a la prensa, con la «jerga política» habitual que lo mismo vale para explicar un recorte, como para felicitar la Navidad. Es urgente que los que dirigen el devenir de la educación en Extremadura bajen de las nubes, y con los pies en la tierra, empiecen a tomar decisiones de altura, maduras y justas, basadas en criterios de calidad. La inversión es, en este contexto, el principio activo que curará los males del sistema.
El hecho de que los interinos, tres mil con la adjudicación bajo el brazo, no empiecen su actividad el 1 de septiembre es una prueba más de los derroteros por donde transita la educación pública: la desinversión, el enemigo número uno del sistema educativo público. Es incomprensible que, por una parte, la Consejería haga un esfuerzo (aún insuficiente) por recuperar, poco a poco, la plantilla que se perdió con el anterior ejecutivo y, por otra, se evite que el 20% de la plantilla esté en su centro el primer día de septiembre.
Hay que invertir en educación pública y mantener, y aumentar, esa inversión en el tiempo. De lo contrario no avanzaremos, y con sobrevivir tendremos bastante. Porque cada día que pasa, por falta de interés de la Administración, la educación pública se consume (por muchos parches que se le pongan) y se condena a sus principales actores a caer en el desencanto, tan fértil siempre por estas tierras. Los docentes que tenemos en Extremadura son buenos, pero eso no es suficiente; necesitan que la Administración educativa esté a la altura.
Quiero pensar, y termino ya, que, como decía José Ortega y Gasset: «La mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella». Espero que aquellos que dirigen los designios de la educación se den cuenta, a tiempo, de que tienen en su mano el futuro de las próximas generaciones.

lunes, 30 de mayo de 2016

Ley trampa. Por Alfredo Aranda Platero, publicado en el diario Hoy.


 Ley trampa

     Como si de un espectáculo de magia se tratase, las leyes, en ocasiones, se quedan en una mera ilusión que consigue que el espectador vea lo que no es; pero si rascas un poco, si te fijas, si prestas atención, podrás advertir la trampa, el truco. Esa cualidad de «prestidigitador» que muchos políticos cuidan y trabajan, con intención de crear ilusiones en la población se convierte, la mayor parte de las veces, en un lastre para el propio político ilusionista, porque las ilusiones rotas no se olvidan fácilmente.
      Reza un viejo refrán español: «El que hace la ley hace la trampa». Para encontrar leyes tramposas no hace falta salir de Extremadura. Una de las más tramposas es la Ley 7/1985, de 26 de noviembre, de iniciativa legislativa popular de la Comunidad Autónoma de Extremadura, por la que los ciudadanos extremeños, mayores de edad e inscritos en el censo electoral, pueden ejercer una ILP (prevista en el Estatuto de Autonomía). Sin embargo la «trampa extremeña» para quedar en «agua de borrajas» esta ley, es zafia, pero efectiva, dado que para ejecutar el derecho democrático de participación ciudadana a través de una ILP se necesita contar con la firma de, al menos, el 5% del censo electoral. Y dado que el censo es, alrededor, de novecientas mil personas, se precisarían 45.000 firmas para poder emprender una iniciativa de este calado en Extremadura. O dicho de otra manera: el gobierno extremeño no quiere que se presenten iniciativas legislativas populares y tuerce la ley para impedirlo.
     No es razonable que en Extremadura se exijan 45.000 firmas para emprender una iniciativa legislativa popular, casi las mismas que la comunidad de Madrid o de Valencia, cuando estás comunidades nos quintuplican en el número de ciudadanos con derecho a voto.
La iniciativa legislativa popular es un mecanismo, amparado por la Constitución, para que cualquier ciudadano pueda presentar iniciativas de ley. Pero dicha iniciativa debe estar secundada por un número concreto de firmas, y es ahí donde está el agravio con respecto a otras comunidades. Podemos decir que, según el número de ciudadanos inscritos en el censo, Extremadura es la comunidad que necesita un mayor número de firmas para emprender una iniciativa popular de este calado. Ni que decir tiene que es, poco menos, una hazaña de dimensiones colosales conseguir un número tan elevado de firmas y, por tanto, la referida ley es, en realidad, «papel mojado». Y lo más lacerante de todo es que estamos ante una ley de hace más de 30 años, y ahora nos dirán, sin pudor alguno, que no han tenido tiempo suficiente para acometer su modificación.
       De nada vale que la ILP esté avalada por la Constitución, que sea un instrumento democrático de participación ciudadana o que constituya la expresión misma de que el pueblo puede actuar en representación propia, si después, en su desarrollo autonómico, se ponen condiciones leoninas para poder llevarla a cabo. Con la clara intención de que la ciudadanía no pueda ejercer de ese derecho.
      Aplicando a la Comunidad Autónoma de Extremadura el porcentaje que la Constitución española prevé en su regulación a nivel nacional (1,26 % del censo), en tierras extremeñas se necesitarían, poco más de 11.000 firmas para promover una iniciativa legislativa popular, muy alejadas de las actuales 45.000.
      El engaño suele ocultar siempre una cobardía y las leyes torticeras, nacidas siempre con aviesas intenciones, son la expresión clara de esta realidad. En Extremadura las asociaciones que luchaban, por ejemplo, por la renta básica, una petición justa y mediática, no consiguieron llegar, ni de lejos a las 45.000 firmas necesarias para promover una ILP; se quedaron en 26.000 firmas, más que suficientes si la «ley trampa» se ajustará a los porcentajes que aplican el resto de comunidades.
      Sería un gesto necesario, por parte del Ejecutivo extremeño, que el número de firmas para promover una ILP en Extremadura, que actualmente está, insisto, en el 5% del censo electoral, se ajustara a lo que la Constitución considera a nivel nacional, el 1,26 por ciento. Si no fuera así, el mensaje que se está mandando a la ciudadanía extremeña es que el gobierno autonómico impide que los ciudadanos puedan utilizar la Asamblea de Extremadura como instrumento democrático.

lunes, 18 de abril de 2016

El analfabeto bilingüe. Por Alfredo Aranda Platero, publicado en el diario Hoy.



El analfabeto bilingüe 

El modelo elegido por la Consejería de Educación de Extremadura para alcanzar el objetivo, quimérico, del bilingüismo es, considero, el peor de todos los posibles; eso sí, es el más barato: la filosofía “low cost” aplicada a la educación.
Otra manera de hacer las cosas es posible. Se ha hablado mucho de la necesidad de tener en todos los centros laboratorios de idiomas, lectores nativos, de promocionar campamentos de inmersión lingüística en vacaciones y en fines de semana… pero la Administración nada quiere saber de todo aquello que conlleve un coste.
El intento de convertir los centros educativos españoles en sucursales de los ingleses, empezando por la colocación, en la fachada principal del edificio, de la banderita inglesa hermanada con la española, es, de entrada, una soberana estupidez. El error más grande es pretender que los alumnos aprendan la lengua inglesa usándola como vehicular para la enseñanza de, por ejemplo, ciencias naturales o sociales. En países de cierta trayectoria bilingüe (o de entornos anglosajones) podría tener algún sentido, dicho con todas las reservas, pero en España esta concepción del bilingüismo supone un lastre para la asunción de conocimientos en las materias no lingüísticas que se imparten en inglés.
Un porcentaje elevadísimo de nuestros alumnos nos son capaces de expresarse correctamente en nuestro idioma y tienen, además, carencias de conocimientos curriculares. Al final tendremos alumnos que se expresen incorrectamente en dos lenguas y tengan, por añadidura, carencias fundamentales en conocimientos básicos.
Para utilizar el idioma inglés, o cualquier otro, como vehicular desde primaria habrá que conseguir que en la etapa educativa que abarca hasta los 6 primeros años de edad, haya una verdadera educación bilingüe, para que, una vez iniciada la educación primaria, tenga sentido la impartición de materias no lingüísticas en inglés. Pero para eso se necesita tiempo, un horizonte temporal de, al menos, diez años. Si la Consejería hubiera hecho las cosas bien,  ya podríamos tener andado un buen trecho del camino.
En algunos países europeos la incorporación de un idioma extranjero como lengua vehicular suele comenzar en los cursos superiores de la educación secundaria, cuando el alumno tiene un nivel óptimo en dicho idioma que asegure el éxito que se persigue con el bilingüismo. Es decir, primero se prepara a los alumnos bien en el idioma (desde temprana edad) antes de pretender utilizarlo como vehicular.
En otros países el bilingüismo, tal como lo concibe la Administración española, está circunscrito a zonas fronterizas, como si en España el bilingüismo se estableciera con el portugués en aquellas zonas con influencia lusa.
Sea como fuere, lo verdaderamente indignante es que la Administración extremeña, que se empeña en hacer imposible lo posible, no escucha a nadie: ni a los docentes, ni a los padres, ni, por supuesto, a los sindicatos. Deberían consensuar, qué menos, con la comunidad educativa el mejor sistema posible para el aprendizaje de idiomas. Pero no lo harán. Tiran hacia adelante como un asno con anteojeras, que no se detiene ante nada. Se han obsesionado en construir un puente aunque no haya río y sólo queda esperar a que se “equivoquen”.

Alfredo Arana Platero
Vicepresidente de PIDE

jueves, 7 de enero de 2016

2015, otro año de sombras, por Alfredo Aranda Platero. Publicado en el diario.es.

 
30/12/2015 - 23:00h

El verbo «recortar» ha sido el más conjugado durante el año 2015 (como también lo fue en años precedentes). Se ha llegado a recortar hasta la suerte, con el 20% que el gobierno se queda de los premios de la lotería. En este afán recortador, en este frenesí trastornado, se ha recortado de todo: se mutilaron las plantillas de los centros educativos, se podaron las prestaciones sanitarias, se cercenaron los derechos de los dependientes, se trasquiló el sueldo de los funcionarios, se castró –en definitiva– la ilusión de la gente. Ni Tobe Hooper, en su película  “La matanza de Texas”, recortó, mutiló y cercenó tanto y con tan mala baba.
En este «aquelarre» (reunión de brujas y brujos con aviesas intenciones) participaron todos: los que mandan, por acción, y los que quieren mandar, por omisión, y planificaron el asalto a los derechos de la ciudadanía llegado, incluso, a poner tasas judiciales que alejan la justicia de los trabajadores, haciendo casi imposible que un trabajador despedido o un consumidor engañado pueda hacer efectivo el derecho a la tutela de los jueces y tribunales que dice el artículo 24 de la Constitución.
Que la justicia tenga un precio es la expresión máxima de un país corrupto. La constitución recoge la tutela judicial como un derecho fundamental de los ciudadanos, conculcar este derecho deslegitima al ejecutivo responsable de tamaña injusticia. Si acceder a la justicia en busca de tutela es un derecho recogido en la Constitución ¿por qué hay que pagar por ello? La respuesta la dejo a la imaginación del lector.
La democracia pierde su esencia cuando el grupo político que recibe el mandato popular para gobernar lo hace de espaldas al ciudadano. Dice la RAE, en su primera acepción, que democracia es la «forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos», es obvio que esta definición no se corresponde con la realidad de lo que pasa por estos lares. En la tercera acepción indica que es la «doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes», tampoco podemos aplicar dicha definición en el territorio español. A ver si acertamos con la cuarta acepción: «Forma de sociedad que practica la igualdad de derechos individuales, con independencia de etnias, sexos, credos religiosos, etc.», esta definición, igual que las anteriores, no se ajusta a la realidad de lo que sucede en España, dado que los derechos están siendo pisoteados reiteradamente. Podemos concluir que el gobierno de turno (tampoco lo hizo mejor el anterior) no respeta los preceptos de la democracia, ni el mandato de la constitución y debería ser considerado ilegítimo. 
Decía Séneca que el hombre más poderoso era el dueño de sí mismo, y es eso, precisamente, lo que impiden los poderes públicos: la libertad individual, el poder que la democracia real da al individuo. No interesa que haya muchos individuos libres y «poderosos», hay que tener a la ciudadanía acojonada con hipotecas, con familias que sacar adelante, con trabajos precarios, arrodillados ante el poder, alejados del derecho a la justicia y sometidos a la autoridad del dinero.
La regeneración democrática del país solo puede venir de la educación, esta máxima era defendida por Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Cuánta falta nos haría hoy día volver a la filosofía de la ILE como eje vertebrador del sistema educativo, como punto de partida para regenerar la sociedad y desterrar las actitudes totalitarias y antisociales. Giner de los Ríos invocaba el principio de libertad e independencia de la educación para alcanzar la revolución de las conciencias. ¡Qué lejos andamos en la actualidad de esos preceptos pedagógicos!
Hoy todo es un gran teatro donde el público, desde la platea, asiste atónito al espectáculo que sucede en el escenario donde se lleva a cabo la representación teatral. El presidente del gobierno escenifica, con sus dolientes ministros como plañideros, lo bueno que es y lo mal que se siente por los recortes que la primera ministra alemana Merkel le obliga a hacer. El aspirante a presidente, con sus aspirantes a ministros, llama al presidente indecente mientras éste le dice mezquino.
La obra teatral resulta impostada y patética. En el escenario también actúan dos aspirantes, de nuevo cuño, que esperan que uno de los principales patine para lanzarse y ocupar su sitio. Murmullos entre el público. Dudas. Crujir de palomitas. Tras las bambalinas esperan los de siempre, los que dirigirán el país realmente: los lobby de las eléctricas, del gas, del petróleo, todos los del Ibex 35, los del Eurostoxx 50, los del MSCI World, Merkel… Desde el palco, con acceso directo a los camerinos, asisten, emboscados en las sombras, aquellos que gozan de privilegios: los protegidos de los lobbys, los testaferros, los esbirros con galones....
Termina la representación. División de opiniones en el auditorio. Aplausos. Silbidos. Abucheos. Algunos desde los palcos escupiendo a la platea. Otros intentando tomar el escenario, pero el proscenio está preparado para impedir el asalto y se frustra el intento. El teatro se va vaciando, algunos se resisten a abandonar el auditorio y persisten desolados como asumiendo que todo sigue igual, otros van saliendo cantando la internacional con el puño el alto, algunos cantan el cara al sol, hay quien dice «esto con Franco no pasaba», también están los que relatan «todavía padecemos los 40 años de retraso de la dictadura de franquista», también se escucha no sé qué de los fusilamientos de Paracuellos y que los golpistas fueron los culpables de todos los muertos, los suyos y los ajenos, por romper el orden constitucional establecido en democracia. ¡Ya es hora de romper el cordón umbilical que nos mantiene unidos al pasado!
Nos olvidamos de que los unos y los otros somos todos, y todos podemos cambiar la realidad que nos imponen y construir un país más justo. Dejémonos de enfrentamientos estériles y construyamos un cambio real, y quizá, así, esté más cerca el «niño negro que anuncie a los blancos del oro la llegada del reino de la espiga» (del poema «Oda a Walt Wihtman» de Lorca).